New Zealand

Volamos desde la preciosa ciudad de Wellington hacia Queenstown en la isla Sur. Así finalizaba una semana en coche recorriendo toda la isla Norte desde Auckland hasta Wellington. Una aventura que había comenzado el día 8 de enero de este año 2019 cuando llegamos a la capital Auckland procedentes de Fiji.

Desde allí y sin tiempo de ver la ciudad, alquilamos un coche para dirigirnos al Tongariro National Park, un largo camino que queríamos disfrutar antes de llegar al anochecer a nuestro destino: un actividad de montaña en el parque famoso por representar a Mordor en la trilogía del Señor de los Anillos. Dos días con éxito en el duro trekking y que relaté en un post previo.

El nivel del pais lo vas viendo desde que sales de la capital, carreteras, servicios, amabilidad, tecnología, espacios verdes, comida saludable, y un largo etcétera. Y por supuesto las aerolíneas “kiwis” serviciales, confortables y divertidas: para explicarte las normas de seguridad en el vuelo utilizan un vídeo con dos raperos que es toda una delicia. Las azafatas pasan con niños repartiendo caramelos y golosinas. Y en los aeropuertos, un lujo de tecnología, limpieza y urbanidad, puedes ver el los techos escenas del señor de los anilos, como a Gandalf subido en su escoba mágica.

 El recorrido desde el parque hacia el sur hasta Wellington se hace por la Dessert Road, una carretera que hemos visto en muchas películas con enormes rectas y cambios de rasante. Un delicioso trayecto viendo el atardecer y pasando por pequeñas ciudades rurales y granjeras sin apenas servicios y menos alojamientos. A partir de las 6 de la tarde prácticamente no ves a nadie por las calles y las escasas luces tampoco invitan a detenerte. Solo paramos a tomar algo en un bar de carretera “Subway” y llegamos a las 12 a la preciosa ciudad de Wellington. Nos alojamos en el Gran Concellor James Cook Hotel, un modesto pero bien situado hotel en la ciudad. 

A primera hora subimos al mejor mirador de la cuidad que está en el monte Victoria, desde allí se divisa toda la bahía, el puerto y también el aeropuerto junto al mar. En el puerto estuvimos en el muelle de carga con sus famosas casetas azules. Estuvimos paseando por el baywalk, que aquí le llaman waterfront, un recorrido que rodea todo el perímetro del muelle y al que los habitantes de la ciudad son muy aficionados. También visitamos el Metroplolitan Museum, gratuito por cierto, espectacular y donde puedes hacer un recorrido por la historia de este hermoso país, de su cultura y de sus gentes. Hay otro mirador precioso que se encuentra al lado opuesto de la bahía y se encuentra en Kua Kua Mountain, además se puede hacer un trekking circular que no pudimos hacer por falta de tiempo. Para comer elegimos un restaurante de carne llamado Charlie Sonsby que nos sorprendió por su buenísima calidad y a muy poco precio.

Para ver el atardecer lo mejor es subir con el cable car a la parte más alta de la montaña donde se encuentran las mejores vistas. Wellington nos sorprendió muchísimo, es una ciudad fantásticamente urbanizada, limpia  y sostenible, casi sin transporte por El Centro, muy buenos servicios, la mayoría de ellos gratuitos y enclavada en una bahía impresionante. 

De la isla norte volamos a la capital de la isla sur, Queenstown donde pasaremos una semana fantástica en la ciudad de la aventura. Se encuentra en una bahía y se llega desde el aeropuerto a través de Front Arm, una entrada espectacular de mar que por la que va bordeando la carretera. Igual que en el norte aquí las carreteras, servicios y nivel de vida en general es elevadísimo, y no exagero en absoluto. El primer lugar que visitamos fué Bob´s Peak, una montaña a la que accedes a través de un teleférico que te eleva hasta los 800 metros desde las afueras de la ciudad. Desde allí puedes disfrutar de unas espectaculares vistas de toda la bahía. Nos alojamos en el Colony Hostel, un precioso albergue junto a la bahía que aunque humilde disponía de todo lo necesario.

En la calle principal, Sotober Street se encuentra la hamburguesería mas famosa de toda Nueva Zelanda, Furburguer. Por supuesto me acordaba de la hamburguesería de Nueva York en el hall del hotel Le Park Meridien, algo igual de auténtico y de calidad, también de precio unos 15 dólares por una excelente hamburguesa. En general toda la carne de ternera que hay mucha es de alta calidad y por eso disfrutamos no pocas veces de los magníficos Steak House de la ciudad.

Al día siguiente y siguiendo el curso inacabable del lago Wakatipu nos dirigimos ala pequeño y pintoresco pueblo de Glenorchy, que se encuentra a unos 45 minutos en coche. La carretera se llama Scenic Road y con mucho acierto ya que no hay curva del camino que no quieras detenerte para hacer fotos o disfrutar del paisaje. Glenorchy es un pequeño pueblo de montaña camino de la impresionante cadena montañosa que culmina en el Monte Cook. Solo encuentras casas bajas con su porche y su jardín. Tiene un famoso y muy bonito embarcadero que ha sido filmado en numerosas películas y que por supuesto es parada y visita obligada su caseta donde se guardan las barcas. La carretera acaba aquí y solo caminando o en vehículos todoterreno autorizados te puedes adentrar en las altas montañas. 

A la vuelta nos dirigimos a Teanau tomando el otro margen del lago antes de llegar a Queenstown. Nuestro objetivo era visitar la espectacular bahía de Milford Sound desde allí. Desde Queenstown parten tres carreteras, la de Glenorchy hacia el norte, la de Teanau hacia el suroeste y la de Wanaka al noreste que sería nuestro siguiente destino. La carretera es muy buena pero apenas hay un par de sitios de carretera para tomar algo o repostar en las 4 horas que puede durar el viaje al oeste. Esa tarde aún me dio tiempo a hacer un pequeño trekking al otro lado del lago Teanau. Desde un pequeño embarcadero entras en el bosque por una senda muy bien señalizada hasta llegar a una pequeña bahía llamada Dockbay de arena muy fina, un lugar mágico en el que pude disfrutar yo solo de un precioso atardecer sobre el lago. Unas tres horas ida y vuelta caminando.

Al día siguiente bien temprano nos dirigimos por una carretera escénica y con muchas curvas. Va recorriendo el inmenso lago Teanau y después otros pequeños lagos, algunos bellísimos, como el Mirror Lake, que si te paras a disfrutarlo y está despejado ves el reflejo de la montaña en él. Unas dos horas en nuestro Toyota Corolla nos llevaron hasta el Visitor´s center de la bahía Milford Sound. allí contratamos un recorrido en barco por the Fiord Land, la tierra de los fiordos. Hay que estar temprano ya que a las 9 sale el barco. El fiordo es precioso, en palabras de Richard Kipling se trataba de la Octava Maravilla del Mundo. En mi modesta opinión algo sobrevalorada, quizá Kipling no había visitado los fiordos noruegos… En el recorrido puedes ver muchas focas, cascadas y lo mas espectacular un: Underwater Experience. Se trata de un edificio submarino con cristaleras donde puedes disfrutar del mundo acuático en un entorno natural y sostenible. El trayecto en barco son dos horas y a la llegada lo suyo es un buen almuerzo en las el restaurante del Centro. En el trayecto de vuelta y como era temprano paramos a mitad de camino para realizar un trekking y ascender al Key Mountain, un pico que sobresale en toda la cadena montañosa que termina en Milford. Son 4 horas entre subida y bajada y el recorrido es impresionante y como en todo este pais muy bien señalizado y con servicios ecológicos excelentes.

Llegamos al atardecer a Teanau a tiempo de incorporarnos al barco que te lleva a las cuevas de los glowworm, unos gusanos resplandecientes. Hacía un mes habíamos estado en Vietnam, visitando por la noche el río Lobos y viendo las fireflies, las moscas de luz que vuelan por la noche con su blanco brillo y no queríamos perdernos este otro fenómeno natural de estos pequeños insectos. Pero no tenía nada que ver una cosa y otra. Estos gusanos se encuentran dentro de la cueva y en la oscuridad se les ilumina su cola de color verde por un efecto químico que los identifica y evita que se aproxime uno a otro ya que de hacerlo se comen unos a otros. En la oscuridad pareces estar viendo la bóveda celeste iluminada por estos curioso gusanos. La experiencia está bien sobre todo por bien organizada pero resulta un poco cara, 90€ aproximadamente por persona, que en comparación con los 45€ que nos costó por la mañana el crucero resulta excesivo. 

Después de esta experiencia en el oeste nos dirigimos hacia el noreste a visitar Wanaka, para los que hay que cruzar un puerto de montaña que tiene un mirador espectacular en su cima. A la bajada del puerto se encuentra la preciosa ciudad de Wanaka y nos hospedamos en una casa para huéspedes llamada Two Sides, donde teníamos una habitación con baño privado. La casa era todo un lujo con espacios compartidos, comedor y salón y de una calidad superior a pesar del precio relativamente barato en relación. Cada habitación lleva el nombre de una de los nietos del dueño. una señora encantadora que se ocupa de limpieza y de todas las gestiones te atiende y te ofrece fruta fresca a la llegada. Una casa de campo junto al lago para quedarse vivir. Desde el pueblo hice varios trekking mi afición favorita. el primero fue subir al Iron Mountain. Las vistas desde lo alto de todo el lago y el pueblo de Wanaka y para seguir en la norma de este pais son impresionantes. también hice otro trekking en la otra orilla del lago hacia Rocky Mountain. La subida supone un desnivel de unos 500 metros hasta el mirador del Diamond  Lake, el lago desde donde se empieza el trekking y cuyas vistas desde este mirador te dejan sin palabras. Desde lo alto de la montaña volveremos a tener unas vistas impresionantes del lago Wanaka al fondo.

A la vuelta nos fuimos a ver el atardecer viendo el Wanaka Tree el árbol que dicen es el mas fotografiado del mundo. La verdad es que gente haciendo fotos no faltaba y que es algo único y especial, también.A la vuelta paramos en una granja de lavanda llamada Lavander Farm, una experiencia preciosa en estos campos violetas que están bellos y cuidadísimos. Hay muchas alpacas, animales parecidos a las llamas y que los utilizan para la carga. También de camino hicimos una parada en el famoso hotel Cardona. Este hotel se hizo muy famoso como hospedaje  porque cerca de este lugar se encontró oro a finales del siglo XIX y muchos colonos llegaron aquí movidos por la fiebre del oro. Ya de vuelta en Queenstown nos hospedamos en el Heart Hotel, un lugar de mas calidad que el Colonial pero en el centro de la ciudad.

Aún había tiempo para ascender the Queenstown Hill, un popular trekking que sale de la misma parte alta de la ciudad y sube a otro mirador que tiene otras vistas bellísimas del fondo de la Bahía. Todo el recorrido es impresionante y subes hasta los 900 metros. Las vistas van desde el norte que puedes ver Franktown y el aeropuerto, Quennstown abajo y enfrente el Bell Lomon, tras el Bob´s Peak. Por la otra parte y en dirección Wanaka también puedes ver las ciudades de Albert Town y Crommwell. La despedida de la tarde y de la ciudad fue en el embarcadero que estaba muy concurrido y con gaiteros amenizando la tarde a los numerosos jóvenes que se apiñaban a orilla de la playa. Y así fue como despidiéndonos del “Pais de la Naturaleza” para poner rumbo a nuestra siguiente parada: la bella Polinesia Francesa.


Cuando deseas algo con mucha fuerza, el Universo entero conspira para que lo consigas.

Lo que estamos buscando fuera, normalmente lo llevamos dentro.

Donde pones la atención pones toda tu energía.


www.elviajerotriton.es

Vanuatu

Hasta hace muy poco yo no sabía que hubiera un pais llamado Vanuatu y mucho menos donde ubicarlo en el globo terráqueo. Perdonen mi ignorancia, pero lo poco que sabía sobre las islas y países de los Mares del Sur era por las películas que veía con mi padre de niño los Sábados por la tarde en la única cadena de televisión, la 1.
Llegamos al aeropuerto de Port Vila procedentes de Filipinas y después de hacer escala en Papúa Nueva Guinea. Días antes leí que había encuestas realizadas entre muchísimos viajeros internacionales y le habían otorgado a este país el calificativo de “mas feliz del mundo”. Aquello que me pareció entonces algo presuntuoso y exagerado, acabó por convencerme. Yo no sé si puedo decir que este sea el país más feliz, pero si puedo decir después una semana en esta isla perdida en el inmenso Océano Pacifico, que todo el mundo parece feliz, siempre alegres y sonriendo. No importa con quien te encuentres ni donde, todos sonríen. Por algo será. La gente es muy alta y gruesa, casi todos negros de piel y de aspecto polinesio y todos muy simpáticos.
Las islas Vanuatu son un archipiélago de 83 islas y la principal se llama Efaté y su capital es Port Vila. Todo el mundo habla la lengua local, el vatu, que también es el nombre de la moneda, cuyo cambio es de 100 vatus por dólar estadounidense. Pero la gente entiende bastante bien tanto ingles como francés. El clima es tropical, muy cálido y cambiante según los vientos que del este soplen. Cuando recorres la isla como nosotros hicimos en vehículo puedes ver numerosos carteles indicadores con instrucciones en caso de Tsunami, algo muy común aquí, al igual que pequeños terremotos y erupciones volcánicas en algunas islas del archipiélago.
En la semana que estuvimos en esta preciosa isla, nos alojamos dos días en un simpático y muy modesto Hostel, llamado “Room with a View” en la capital, regentado por la simpática Tin Tin, una chica china que nos ayudó mucho con todos nuestros planes haciendo deliciosa nuestra estancia. Los últimos dos días también nos alojamos en Port Vila en Vanuatu Holiday Hostel, mucho mejor equipado pero con personal extranjero bastante menos simpático.
Nuestra intención era haber visitado al menos otras dos islas muy especiales Tanna y Espíritu Santo, pero están bastante alejadas y el viaje ha de hacerse en avión o pasar varios días en barco. El problema fue que próxima la Navidad los vuelos estaban saturados y carísimos. Este problema lo fuimos teniendo en nuestro viaje cruzando el Pacífico en estas fechas. Tanna es famosa por tener uno de los volcanes activos mas espectaculares del mundo y que puede verse muy cerca en un vuelo algo intrépido y temerario. Espíritu Santo dicen que es la isla más bonita, aunque yo sobre todo quería visitar el monumento del navegante portugués al servicio de la corona española, Pedro Fernandez de Quirós, quien conquistó y colonizó estas islas. No pudo ser.
En la preciosa Efaté, visitamos el mercado central, con espectaculares frutas y verduras y también exquisito pescado fresco. Muy cerca del mercado está el embarcadero que te cruza a una isla privada muy próxima llamada Iririki. Esta isla es propiedad privada y pagas 15 dólares con derecho a 10 de consumición para comer y el precio te incluye los traslados y el derecho a recorrer todo la isla y las instalaciones, hacer snorkel y cualquier actividad que te apetezca. Nosotros alquilamos un coche e hicimos dos veces el recorrido circular por toda la isla, que te lleva bastante tiempo por la orografía y el estado de las carreteras. En el este las playas son muy agrestes por el efecto continuo del viento. Visitamos la playa de Eton Beach, preciosa y protegida por un arrecife natural de rocas, donde puedes almorzar en pequeñas casetas junto a la playa. Después visitamos Naiwe Beach en Blue Water, un área protegida donde puedes dar de comer y bañarte con tortugas y delfines. Yo me hice amigo de una tortuga que me dijeron que tenía 270 años.
De camino hacia el norte de la isla vimos inmensos campos de cultivo con piñas y platinos sobre todo. Y enormes palmeras todas plantadas en perfectas hileras como si lo hubieran hecho con un tiralíneas. Hay muchos puestos por el camino donde parar para comprar algo de fruta y divertirte viendo las caras sonrientes de los niños algo atónitos y asombrados de ver turistas por aquellos lugares. En mi recorrido hice una parada en un lugar que me sorprendió. Se trataba de una casa de campo muy moderna junto a la carretera con el símbolo y el nombre de INDALO. Resulta que el era de un señor ingles, que tenía a su mejor amigo viviendo en Mojacar y puso el nombre de su casa en homenaje a él. Nos invitó a ver su casa y a pasear por su preciosa playa privada. Incluso nos invitó a cenar el día de Navidad, oferta que declinamos amablemente. En el norte está el Havannah Resort donde paramos y tuvimos suerte de ser invitados a presenciar una ceremonia tribal en honor de unos invitados que se casaban. Fue maravilloso disfrutar de esta representación cultural a orillas del mar. Y a de bajada paramos en un bar a tomar cerveza con la sorpresa que había una bandera de España por la admiración que su dueño tiene a nuestro pais. Hicimos fotos yo con mi habitual camiseta de la selección española y el bajo la bandera. Fue muy simpático aquel momento.
Al norte hay varias islas que visitamos en días sucesivos, Pele, Moso, Lelepa y Nguna.  Cada una de ellas es una sorpresa y navegar por estas aguas es un placer para aquellos que amamos el mar.
Efaté tiene dos patrimonios de la Humanidad que visitamos, uno son los dibujos de arena que te muestran en el Museo Nacional de la capital y el otro son las restos del enterramiento de un líder tribal llamado Jefe Roy Mata en Hat island, la isla del sombrero llamada así por su curiosa forma. La Nochebuena la pasamos en la isla de Moso en el único hotel que hay. Los dueños Anton y Joel, una pareja de australianos, se ocupan de recogerte y hacer que pases una deliciosa estancia en este resort. El día de Navidad yo me levanté a las tres de la madrugada con una hermosa luna llena, para con la ayuda de Anton que me llevo al embarcadero desplazarme a la isla de Nguna y ascender al monte mas alto del archipiélago, el monte Morou de 472 metros, un volcán extinguido y ahora con un bosque espectacular en su interior. La escalada la hice por un espeso bosque acompañado por Amelie, mi guía, para estar arriba antes del amanecer. Espectacular. A la bajada paramos en un poblado muy primitivo donde algunos simpáticos  locales estuvieron cantando canciones en mi honor. Lo pasé genial, imposible mejor día de Navidad.
En la costa oeste hay una playa llamada Hideaway Island donde está el Underwater Post Office, una caseta postal a unos 5 metros bajo el agua donde depositas las cartas, compradas en la capital y con protección para la tinta en el agua. Por increíble que parezca llegan a todos sus destinos y doy fe de ello, las tres que envíe llegaron a sus destinatarios. Solo decir que estuve a punto de “ahogarme” para poder echarlas todas en el buzón. A la vuelta de esta isla disfrutamos de otro de nuestros maravillosos atardeceres y de un autentico tarde en la playa en el Beach Bar Sunset, con cena y un fantástico espectáculo de danza y fuego.

Vanuatu, el pais feliz. Te llevo en mi corazón.
El Mundo es un maravilloso libro, y quien no viaja, solo lee una página. SAN AGUSTIN.
José Andrés. Enero 2019