Bohol

Un catamarán nos cruza de la Isla de Cebu a la de Bohol. El desembarco lo hacemos saltando al agua, cargados con nuestras mochilas ligeras algo más de dificultad para los pasajeros que viajan cargados con sus pesadas maletas, quienes tendrán que llegar hasta la orilla con la amable ayuda de filipinos. Un transporte nos llevará hasta Panglao, donde se encuentra Alona Beach, una ruidosa ciudad famosa por sus lugares de ocio al aire libre, cantidad de bares y restaurantes, sus preciosas playas con multitud de actividades acuáticas.
Al día siguiente cogimos una barca que nos llevó a las Virgin Islands, un lugar mágico, donde las aguas son muy poco profundas debido a la pared de coral que también visitamos. Los lugareños te ofrecen delicias de mar, sobre todo erizos y ostras recién cogidas. Nos cayó un chaparrón de esos muy intensos y rápidos que fue un delirio de diversión para todos los pasajeros que íbamos en la barca. Estuvimos buceando por la pared de coral viendo tortugas y muchísimos peces de colores. Una jornada fantástica que tendría su colofón con un espectacular atardecer en la playa de Alona.

Justo debajo de nuestro hospedaje en la residencia Leux, hay una French Bakery donde puedes desayunar unos deliciosos choco roll, una especie de napolitana, y un zumo de mango exquisito. Los echaremos de menos.
Nuestra siguiente visita del día sería a conocer esta isla de Bohol, una isla muy montañosa y con muchos parques naturales y lugares únicos para ver y disfrutar. El parque más famoso es el del rio Loboc. La noche anterior ya lo habíamos visitar para ver un fenómeno natural precioso que es ver las luciérnagas de noche en el río. Los árboles que hay en las orillas del rio albergan miles de luciérnagas que con sus lucecitas y sus movimientos crean un espectáculo visual único. Una navegación por el río Loboc en una noche perfecta de luna nueva.
La mejor manera de visitar la isla a mi modo de ver es alquilando una moto, muy barata y cómoda para visitarlo todo. Nosotros elegimos ir hasta el final de la isla haciendo el trayecto más largo y luego fuimos parando al volver en los sitios que fuimos eligiendo. Así llegamos hasta Carmen donde subimos a las Chocolate Hills, llamadas así porque son lomas que parecen cuencos de arroz boca abajo y de color marrón oscuro en su parte superior. Se paga una pequeña tasa como en casi todos los sitios que visitamos, unos 50 pesos filipinos, un euro, y puedes acceder sin problemas. la ventaja de ir en moto es que puedes parar en todos los sitios que te gusten sin preocuparte por los horarios. Una pequeña escalinata te accede hasta un mirador desde poder disfrutar de estas montañas tan especiales.
A la vuelta paramos en un bosque por el que circula la carretera que se llama Man Made Forest. Este bosque único en el mundo se llama así porque parece que es fruto de una repoblación después de un enorme incendio que hubo en la zona. Se plantaron miles de arboles de caoba que ahora forman un espectacular paraje de una frondosidad increíble, tanto es así que cuando pasas por este lugar se te hace literalmente de noche.
Mas adelante hay una reserva de unos simpáticos animales llamados tasier, unos diminutos monos, que miden apenas 6 pulgadas. En la reserva puedes verlos si es que tienes suerte y te fijas muy bien, ya que pasan la mayor parte del día durmiendo y has de estar muy atento para poder verlos. En este centro de conservación los puedes ver en su hábitat natural estando muy bien protegidos y cuidados.
Poco después si coges una bifurcación a la derecha desde la carretera principal que no tiene perdida porque indica Sevilla, te llevará en un par de kilómetros al Bamboo Hanging Bridge, un precioso puente de bambú doble uno para ir y otro para volver y cruzar el río Loboc. Está muy bien conservado aunque algunas maderas rotas y el balanceo de los que pasan delante tuya te pueden hacer pasar miedo en los 80 metros de distancia que has de recorrer.

 

No lejos de allí pudimos disfrutar de una aventura pura adrenalina. Cruzamos en tirolina todo el cañón del río Loboc unos 180 metros de largo y a una altura de algo mas de 100 metros. Emocionante. Y por solo 400 pesos filipinos, unos 7 euros por persona, con la ventaja que puedes hacerlo en pareja ya que hay dos tirolinas y las puedes hacer simultáneamente disfrutando de  los gritos de tu pareja al lado. Lo recomiendo encarecidamente. Ah, y con viaje de vuelta, porque luego vuelves al punto de partida en un segundo viaje para completar el sabor de tu aventura.
Ya camino de vuelta y antes del atardecer paramos en Tagbilaran, la capital, para ver algo en lo que tenía mucho interés: el Blood Compact Monument, una escultura que conmemora el pacto de sangre del explorador español Miguel Lopez de Legazpi con el jefe local de la isla a su llegada a estas tierras. Se conoce como Sanduco, que en tágalo, la lengua local, quiere decir “la misma sangre”. Se considera este pacto como el primer tratado de amistad entre los dos pueblos.
Un día tan maravilloso tenía que tener un atardecer fantástico. Era ya bastante tarde y no llegábamos a Panglao, por lo que decidimos parar en cualquier sitio a ver el atardecer. Y las circunstancias nos llevaron a un lugar junto al mar donde oímos música y bastante jaleo. No solo disfrutamos de una puesta de sol especial sino que participamos del cumpleaños que estaban celebrando unos amables filipinos que nos invitaron a unirnos y por supuesto a comer y sobre todo beber con ellos. El filipino es simpático y hospitalario de por si, pero si le añades alcohol, el tuba que es un vino de arroz, y fiesta parece que sea familia tuya. Que bien lo pasamos aquella tarde cantando con el karaoke portátil todos juntos.

Ya de vuelta al anochecer a Panglao, nos hicimos un homenaje con una mariscada a orilla de la playa y después disfrutamos de la fiesta reggae junto al mar con nuestros amigos chinos.
Al día siguiente embarcamos en el ferry dirección a Cebu.
Bohol fue una sorpresa improvisada y con el tiempo se ha guardado en mi corazón como uno de los mejores y mas auténticos lugares de los que hemos visitado.
Mirando hacia atras me lleno de gratitud.
Mirando hacia adelante me lleno de visión.
Mirando hacia arriba me lleno de fuerza.
Mirando hacia adentro descubro la paz.
Proverbio Tágalo.
José Andrés. Diciembre 2018
ECDV2018/19