Chiang Mai

Aunque seguimos fieles a nuestra idea de evitar los aviones, la mejor manera de hacer los casi 1000 kilómetros de selva entre Mandalay y el norte de Thailandia es volando. Se nota que ya hemos llegado a este acogedor país desde que pisas el aeropuerto, los trámites de entrada son muy rápidos y los españoles no necesitamos sacar visado.

Chiang Mai es la cuidad más grande del norte de Thailandia y también el centro turístico de esta área por excelencia. En el centro y formando una cuadrícula perfecta está la Old City una zona amurallada herencia de cuando fue capital del reino Lan Na perteneciente al famoso reino de Siam. Tiene una curiosa distribución con canales de agua por todas partes que distribuyen desde el caudaloso Ping River que recorre de norte a sur la ciudad.

Elegimos un alojamiento boutique barato aunque algo apartado del centro. Los precios han subido y mucho desde mi primera visita a este país hace unos 10 años. Es normal, hoy este país es el destino turístico por excelencia del Sudeste asiático. Aquí todo es fácil de hacer y de conseguir pero tiene ya su precio en bats, la moneda local. Eso sí, la comida está riquísima, prueba el Khao Soi y el Pad Thai y por supuesto la cerveza Shinga.

Las calles del centro son un inmenso mercado tanto de día como de noche. Para llegar a ellas cogemos el transporte local, aquí cambiamos nuestro habitual tuk tuk por unas camionetas rojas que compartes con otros clientes, tan solo tienes que subirte y le indicas la dirección, el precio es fijo por zonas.

En la noche estos mercados callejeros esconden rincones con una magia encantadora y sobre todo nuestra favorito, el Street Food, una sola calle con puestos de comida local. Aquí puedes probar la deliciosa cocina thai, y también multitud de cosas exóticas como escorpiones encebollados o cocodrilo a la plancha, aunque todo esto lo hacen más para curiosidad de los turistas que por otra cosa.

En lo alto de la montaña y oteando todo el valle que rodea la ciudad está la impresionante estupa Wat Phra That Doi Suthep. Es muy recomendable hacer una visita guiada de noche cuando no hay gente. Unas escaleras interminables custodiadas por dos dragones te llevan a una plaza llena de pagodas y murales budistas. Con las luces artificiales el dorado de los monumentos es una gozada para los sentidos. En lo alto esta The Mediation Area, un lugar pensado para la meditación y desde el que se tienen unas impresionantes vistas de la ciudad.

Te recomiendo el esfuerzo de madrugar y levantarte a las 5 de la mañana para volver a ese mismo lugar pero ahora para ver amanecer. Sobran las palabras y es mucho mejor recordar este momento tan especial dando gracias por tener el privilegio de haber visitado este lugar.

Dentro de la ciudad hay muchos templos pero yo te destacaría uno en especial que está junto a la puerta oeste de entrada y es el Wat Phra Singh. El templo tiene una entrada preciosa, al entrar te quedarás boquiabierto con los techos y el Buda que preside en el fondo. A la derecha veras unos monjes sentados y meditando en posición de loto. Tendrás que acercarte y mucho para darte cuenta que están hechos de cera. Pero el lugar que más nos sorprendió a nosotros fue la parte posterior del templo, es un jardín muy cuidado en el que ves una estupa hecha de piedra, muy vieja y fértil por el musgo que habita en ella, y custodiada por numerosos elefantes a su alrededor.

El elefante es el animal más querido y famoso en este lugar. Tradicionalmente se usó como animal de carga y también en la guerra, recordemos que el poderoso ejército del gran Alejandro el Grande sucumbió ante el emperador de Siam y su ejército de elefantes. Hoy estos enormes pero simpáticos animales no se sabe muy bien donde ubicarlos y el gobierno ha fomentado un excelente plan de integración en granjas donde los turistas pueden convivir una jornada con ellos dándoles de comer y bañándote en el río con ellos. Os aseguro que me estoy emocionando de recordar este día al escribir estas líneas. Tenéis que vivir esta experiencia y seguro que los veréis de otra manera, con sus 3500 kilos de peso ( pesan 1000 kilos menos que el africano ), son todo ternura en el momento que te pones a embarrarlos y jugar junto a ellos. Aquí aprendimos que para montarlos además de la molestia que les supone, hay que obligarlos y amaestrarlos por lo que nos hemos prometido nunca más subirnos encima de estos adorables animales. He leído que el Elephant Nature Park figura como un centro de recuperación pero en realidad adiestran a los animales, así que lleva cuidado e infórmate, yo te recomiendo vayas a una granja, como dije antes, nosotros estuvimos en Hug Elephant Sanctuary y fue una experiencia 10.

A unos 80 kilómetros al noroeste de Chiang Mai está el espectacular Doi Inthanon National Park, una visita a las montañas frontera con Myanmar y que vale mucho la pena visitar. Llévate una chaqueta que la temperatura nada tiene que ver con la ciudad de Chiang Mai. Lo primero que veras son los dos templos uno frente a otro y en lo alto de dos escalinatas. Son muy modernos, se construyeron para conmemorar la coronación del actual rey, uno en su honor y el otro en honor a su esposa. Ni que decir tiene que el de la esposa es mucho más cuidado y bonito, rodeado de preciosos jardines y con un mirador de todo El Valle espectacular.

En lo alto del puerto puedes coronar la altura más alta de todo Thailandia, la colina alcanza los 2.565 metros y puedes hacerlo teniendo solo que andar unos pocos metros desde donde te deja el transporte. Me viene a la memoria alguna de las cumbres provinciales que he hecho en España con mis amigos del CAE y que nos hemos “apuntado” casi desde el coche sentados, jejeje. Algunas nos han costado mucho hacerlas, así que no viene mal cuando te toca una fácil.

Hay un lugar muy divertido junto al Night Market y el Shangri La Hotel, se llama Art in Paradise. Se trata de una sala que te pasea por diferentes lugares del mundo y en donde gracias a una aplicación móvil puedes crear una animación tuya en 3D. No olvides llevar el móvil cargado y alguien que te acompañe para hacerte las fotos y los vídeos.

Aquí termina nuestra etapa en Chiang Mai, un lugar donde la vida va despacio, la gente es tranquila y todo es fácil de encontrar y de hacer. Los semáforos duran a veces 5 minutos pero nadie se enfada, manifiestan una paciencia envidiable. Nadie corre, ni para servirte ni para atenderte, se toman su tiempo. No se porque decimos en occidente que el tiempo es oro. El tiempo no es oro, es Vida, que es muchísimo más que oro. Es una oportunidad de aprendizaje, de conocimiento de otras culturas y pueblos, de experiencia, de entrega, de amor. Del mismo modo no es lo mismo existir que vivir. Como decía Neruda, “no vive aquel que no se arriesga, que no cambia lo desconocido por lo conocido…”. Machado afirmaba, también en su sabiduría, que “solo de necio es confundir valor y precio”. Y los humanos solemos hacerlo continuamente y así nos va. El oro tiene precio, pero la vida y cada instante tienen un valor infinito. ¿Estamos creando las circunstancias para hacer de nuestra vida y de la de nuestros seres queridos una suma de instantes maravillosos?.

Acabo esta publicación con una motivadora frase de Mario Beneddeti: “Algunos finales no avisan. Por eso, vive siempre como si todo fuera un principio”.

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Inle Lake

El pequeño pueblo de Nyaung Shwe está a orillas del lago Inle, un parque protegido con muchos recursos propios de la zona. Una multitud de barcos, llamados “long tail boats” por su particular forma estrecha y muy alargada, están a disposición del numeroso público local y extranjero que quiere visitar el inmenso lago.

Hemos tenido la suerte de llegar durante la celebración del festival Kandawgyi, una celebración anual de la pagoda Phaung Daw Oo Paya la más grande del lago Inle, un lugar mágico donde la gente vive en aldeas flotantes en el mismo lago. Vamos a disfrutar muchísimo el festival pero sobre todo la procesión donde centenares de barcas enormes van abriendo un desfile que lleva en los dos últimos barcos a las estatuas de los 5 budas sagrados de la pagoda.

Por cierto estos budas como también ocurre en otros lugares están irreconocibles a fuerza de recibir ofrendas de láminas de oro durante muchos años. Estas láminas te las venden allí mismo, valen unos 50 céntimos de euro y yo me sumé a la multitud que con gran devoción realiza estas ofrendas y que además te ayuda con mucha simpatía a despegar la difícil pegatina con la laminita de oro.

Los agricultores han perfeccionado una técnica que les permite cultivar sobre la superficie del agua lo que ellos llaman los “floating Gardens”. Van rellenando capas y capas de tierra sobre el fondo del lago en las zonas menos profundas. Así puedes ver inmensas plantaciones de tomates sobre el agua, producto que exportan dada la gran producción y calidad que tiene.

También en el lago puedes ver a los famosos “fisherman” unos pescadores que tienen una técnica muy particular remando con un pie al tiempo que arrastran las redes de pesca y echan los peces a una cesta con forma de campana. Es una técnica ancestral muy lenta y minuciosa que cuesta de entender aunque si de admirar a los ojos de un occidental.

Te recomiendo que subas desde el lago río arriba hasta un lugar llamado Indein. Las canoas navegan rápidas y puedes disfrutar de la espesa arboleda que hay a las orillas del rio, niños bañándose y pescando. En una media hora llegas a un embarcadero desde donde caminando subes a visitar Shwe Indein Pagoda. En el camino nos paramos a ver un partido de fútbol local y comprobamos la devoción que tienen por este deporte. Shwe Indein es un grupo de pagodas budistas rodeadas en plena naturaleza y también de cientos de estupas, tumbas que encierran los restos de gente poderosa y adinerada.

También te aconsejo que dediques un día a ver los pequeños pueblos que hay alrededor del lago. Un tuk tuk nos llevó a visitar algunas aldeas de campesinos, en una de ellas tuvimos ocasión de visitar una cueva enorme llamada de la meditación, un lugar sobrio con imágenes sencillas de Buda y que transmitía una buena energía. En otra villa al pie de la colina esta el Red Mountain Vineyard, unos excelentes viñedos a pesar de estar en una zona muy lluviosa. Puedes y, a mi juicio, debes tomarte una degustación de ellos por apenas 3 euros disfrutando de unas vistas impresionantes del Lago. Que paz se respira aquí.

La paz es nuestro estado natural. El dolor es inevitable pero el sufrimiento es prescindible y solo depende de la actitud con la que aceptas las cosas. La realidad es neutra, es absurdo luchar contra ella, siempre pierdes y nunca la cambias. De hecho como podrías cambiar el pasado?. Y que me dices cuando quieres predecir tu futuro, algo que no se le da bien ni al hombre del tiempo?.Observa el resultado de tu estado interior: si estás deprimido es que vives en el pasado, si estás ansioso es que vives en el futuro y si estás en paz es que vives en le presente con tu plena consciencia.

Así es que me doy cuenta de lo afortunado que soy, de que tengo muchísimo más de lo que necesito. Que no hay nada que codiciar, lo que preciso ya está dentro de mi, no hay ninguna carencia que llenar. No necesito que nada de fuera me haga feliz, ese poder ya lo tengo yo en mi interior. Por eso agradezco todo lo que me ocurre, todos estos maravillosos paisajes, todas estas encantadores gentes que me hablan y me ayudan y en definitiva todo lo que me pasa que es lo que necesito para seguir aprendiendo día a día.

El Viajero Tritón.

Hsipaw

Esta preciosa villa es la capital del estado de Shan en el noreste de Myanmar. Sus habitantes viven fundamentalmente de la agricultura y del comercio. Tiene uno de los mercados más auténticos e importantes de todo Myanmar, el Central Market, pero has de madrugar ya que empieza a las 3:30 y acaba a las 6:30 al salir el sol. Allí puedes encontrar casi de todo desde productos para comer, Electronica, pie de repuestos de vehículos, ropa y muchas más cosas.

En el centro está la Little Bagan un pequeño lugar de pagodas junto al monasterio budista que tiene el único Buda hecho de bambú. El lugar es muy bonito y tranquilo y está bordeado por un estanque lleno de flores de loto y presidido por una imagen de Buda.

Uno de los lugares imprescindibles es el Shan Palace. Este antiguo palacio fue la residencia del último príncipe de Birmania quien fue depuesto por los militares tras la revolución de 1961. Hoy en el palacio te recibe personalmente su sobrina una señora muy mayor pero con un tremendo carácter y personalidad que tiene la firme determinación de dar a conocer la verdadera historia de su familia y el trato que le dispensaron los militares. Ahora la Republica de Myanmar tiene un gobierno democrático que ha abierto este humilde país al turismo y a la globalización y bien estaría, en mi modesta opinión, no abrir viejas heridas como ocurre en otros países, el mío sin ir más lejos.

Decidimos hacer una jornada campestre para poder ver las zonas rurales y conocer sus gentes. Una chica del hotel llamada Noon nos hizo de guía y de intérprete de la lengua local, el Shan un dialecto del Burma. Habla un excelente Ingles y conoce muy bien el campo ya que su familia es granjera.

Y así pasamos un delicioso día visitando casas de campo de labranza donde los amables granjeros nos dieron explicaciones sobre el arroz, el maíz, el tabaco, el té y muchas otras plantaciones. Por cierto se nota el impacto de los vecinos chinos que están trayendo semillas alteradas para conseguir una producción más intensiva y tener varias cosechas más al año en detrimento de su calidad.

En unas dos horas alcanzamos la parte elevada del campo y ya dividamos uno de nuestros objetivos hoy la cascada Nam Hu Nwe Waterfall. Esta impresionante cascada de unos 80 metros es una tentación a la que no me puedo resistir.

Se acerca la hora de comer y como si el destino lo escribiera, un grupo de amables señoras nos invitan a sentarnos en su mesa a comer con ellas deliciosa comida birmana, oferta que no rechazamos. No lo sabíamos pero estaban de celebración de un funeral que en su ceremonia es algo festivo y que comparten con vecinos y amigos.

Después de comer recorremos más casas de campo, en una de ellas están preparando la fiesta de la Full Moon Party con coloridas decoraciones con caña de bambú a cuya elaboración nos sumamos encantados. En el camino también nos muestran como preparan el tofu hecho de maíz gentes simpáticas que vamos viendo a nuestro paso.

Antes de abandonar el campo cruzamos por una zona de pagodas y estupas. Para aquellos que no lo sepan la pagoda es un edifico religioso que no tiene entrada y la estupa es una tumba de imagen parecida pero más pequeña y normalmente sobre todo las más próximas a pagodas, templos o monasterios son de la gente rica.

Otro bello atardecer desde la Sunset Hill, podría ser el de ayer o el de mañana y nunca me cansaría de disfrutarlo.

Hemos de cambiar nuestra percepción. Que nuestra forma de ver la vida creemos que es la única y verdadera forma de ver la vida. Que quienes ven las cosas diferentes están equivocados. Quizá por eso nos rodeamos de personas que piensan como nosotros para así, en nuestra ignorancia, pensar que somos los únicos cuerdos y sensatos. Quien eligió nuestro idioma, nuestra religión, nuestro equipo de fútbol, nuestro país y nuestro barrio?. Pura circunstancia. Nos identificamos con algo que es casual. Cómo veríamos la vida si hubiéramos nacido aquí en este pequeño pueblo de Myanmar. Diferente, verdad?. Entonces, porque nos aferramos a una identidad prestada que es fruto de la casualidad?. Porqué no cuestionamos nuestra forma de pensar?.

Tren a Hsipaw

Para ir desde Mandalay a nuestro nuevo destino Hsipaw elegimos un tren muy muy lento pero espectacular e impresionante. La hora de salida son las 4 de la mañana así que nos toca pegarnos el madrugón, caminamos en silencio y no hay nadie por las calles la mayoría de la gente duerme, pero algunos como no tienen otro sitio lo hacen en la misma calle. Se nos encoge el alma de ver a estas pobres personas…

En la estación de tren nos acompaña el mismo cuadro de gente durmiendo en el suelo por todos lados. Tan poco acostumbrados a ver estas cosas nos produce mucha pesadumbre.

Nos acomodamos enseguida en nuestros asientos que por cierto son bastante más cómodos de lo que esperábamos.placeholder://

Olvidamos el picnic de almuerzo que nos prepararon en el hotel. Poco importa porque pronto haremos una de las múltiples paradas que haremos esta vez para almorzar. Aún es de noche y es toda una experiencia bajarte y ver a todo el mundo acercarse al puesto de comida como si fuera una churreria recién abierta.

Este es un tren cremallera del los que va cambiando de dirección conforme va adquiriendo altura, cinco desniveles nos elevarán por encima de la sierra para seguir viaje por arriba de las colinas. Unas cuantas paradas más tarde y llegamos a la hora del amanecer que coincide en un apeadero y así tengo la suerte de disfrutarlo con calma, está es la ventaja de viajar en este tipo de trenes locales. Tampoco hay que preocuparse por la salida porque el revisor toca el silbato y el maquinista la campana con tiempo y de todos modos os aseguro que andando seguro que pillas este tren.

El tren se acerca al apeadero de Pyin U Lwin, y desde allí ya vamos a poder ver el impresionante viaducto de Gokteik. El viaducto de 700 metros de largo es una enorme estructura metálica construida en 1899 y que supuso un desafío para la ingeniería de aquella época. Hoy se sigue utilizando ya que es la única conexión terrestre desde esta área con la capital del estado Shan, Lashio. Hay que situarse en las ventanas de la izquierda para superando el vértigo y poder disfrutar de los 100 metros de altura que nos separan del fondo del valle y del curso del rio.

Es delicioso ver el paisaje desde el tren, me encanta esta manera de viajar sobre todo a esta velocidad y con este tipo de trenes clásicos. Es la mejor manera de disfrutar del paisaje, del país, de sus gentes y sus costumbres.

Y a la llegada una cálida y calurosa bienvenida como no podía ser de otra manera por parte de gente tan simpática y cordial para llevarnos a nuestro alojamiento, El Tai House Resort que es un maravilloso lugar algo apartado del centro del pueblo pero con un servicio y atención excepcionales muy fuera de lo común.

Aún llegamos a tiempo para subir a la Sunset Hill y es que como ya os he contado una de mis pasiones es poder ver estos atardeceres mágicos y no pierdo ninguna oportunidad.

Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo, nunca lo dice o lo dice infinitamente, y no lo entendemos o lo entendemos infinitamente pero es intraducible como una música. Jorge Luis Borges.

Mandalay

No me gustan las grandes ciudades, cada vez menos, y menos tan industrializadas. Otra vez ruido, trafico, estrés , decenas de taxistas ofreciéndose, en fin todo el pack turístico del que quieres librarte y no deja de perseguirte. Así que para volver a relajarnos decidimos empezar por ver los alrededores antes y fue todo un acierto.

Sagang, Inma y Amarapura son las pequeñas ciudades que hay a uno y otro lado del rio varios puentes las unen con Mandalay. Al margen está la pequeña ciudad de Ava en la ribera de un pequeño río afluente del Irrawady. Lo cruzamos para comer y fue todo un acierto poder disfrutar de un delicioso pescado llamado “better fish”, un nombre más que apropiado.

La tarde la pasamos haciendo una visita a un lugar muy particular, la Kuthodaw Pagoda. Aquí se encuentra el “libro” más grande y pesado del mundo. Las escrituras están dentro de 729 stupas y están hechas en tablas de mármol, un lugar hermoso y muy curioso de ver.

Se acerca la hora del atardecer y nos cuentan que el mejor lugar para verlo es el U Bein Bridge el puente de bambú más largo del mundo. Un lugar que aunque multitudinario tiene una magia que te deja sin palabras. No puedo ocultar mi pasión por los atardeceres y el significado que para mí tienen, agradecimiento, renovación y nueva vida.

El día siguiente lo dedicamos a visitar el Royal Palace lo único que merece la pena ver dentro de la cuidad. Esta pequeña ciudad fortificada dentro de la propia ciudad nos enseña muy bien cómo sería el esplendor y la vida dentro de este reino hasta que llegaron los conquistadores ingleses a finales del siglo XIX. El recinto paso a ser una zona militarizada que de hecho aún hoy se mantiene, ahora con el ejercito nación. Has de dejar tu pasaporte a los militares si es que quieres visitarlo pero vale la pena por ver el esplendor en el interior del palacio.

Y ahora a prepararnos para nuestra nueva etapa que sea cual sea nos hará gozar de nuestra libertad de decidir nuestro destino adonde encaminaremos nuestros pasos, cuando, donde y con quién estaremos, en definitiva disfrutar de nuestra libertad.

“Libertad no es hacer lo que uno quiere, es amar lo que uno está haciendo”. Fredric Niestche.

Irrawady

Bagan es una ciudad que te cautiva, te enamora y de la que no te quieres marchar. Para nosotros la suerte fue dejarla navegando aguas arriba por el río Irrawady y disfrutando de un bellísimo amanecer en el barco que nos llevaría a Mandalay.

Este inmenso río arrastra su enorme caudal desde el norte del país y viene crecido por las intensas lluvias de este año.

Esta es la mejor y más tranquila forma de viajar si quieres disfrutar viendo la vida pasar y admirando los hermosos paisajes a ambas orillas del rio.

Un auténtico placer para los sentidos y una gran ayuda para escribir estas líneas. Muchos de los que antes surcaron estas aguas y que les inspiraron a escribir bellos pasajes de la literatura mundial como a Rudyard Kipling quien se quedo a vivir enamorado de este país.

Como si estuviera planeado la hora de llegada a la ciudad de Mandalay coincide con el atardecer cuya magia me tiene prendado y no me canso de verlo uno y otro día. Parece que en este país el sol compite cada día para venir e irse de una forma más hermosa.

“Recuerda que, como el Sol, vuelves a nacer cada mañana. Lo que haces hoy es lo único y lo que realmente importa”. Siddhartha.

Bagan

Tenemos dos días por delante para disfrutar de la ciudad de los templos. Amenaza lluvias a nuestra llegada aunque ya no es época porque ha acabado el monzón. Parece ser que quedan los últimos coletazos de un ciclón que ha asolado Bangladesh. La suerte nos acompañará el segundo día, el primero tendremos que aceptar con buenas dosis de humor algún que otro chaparrón.

Lo primero que hacemos es alquilar una ebike, una moto eléctrica por solo 3€ al día. Esta medida del gobierno en fomentar su uso es muy positiva y ayuda no solo a evitar la contaminación sino a que la ciudad sea muy poco ruidosa, ya que la mayoría de los turistas y muchos de los locales utilizamos este transporte. La parte negativa es que estos vehículos están condenando a las tradicionales calesas el medio más utilizado en este país rural que poco a poco va saliendo de la autarquía. Los locales dicen que “ebike is killing horse riding”.

Pronto te das cuenta que te encuentras en un sitio mágico. La carretera principal que une Nyunag-U con Old Bagan y New Bagan es un precioso recorrido custodiado por cientos de acacias, mimosas y otros hermosos y saludables árboles tropicales. Entre ellos dejan ver el muy cuidado campo agrícola birmano con mucha fruta y verdura y del que destaca el cacahuete el principal producto local y básico en su cocina. Al fondo también vemos inmensos bosques de bambú madera y materia prima con la que hacen de casi todo aquí, casas, canastas, zapatillas, sombreros y toda clase de artesanía.

Pero lo mejor son las vistas de las innumerables pagodas que hay a uno y otro lado de la carretera que se pierden en el horizonte, no puedes remediar parar continuamente para disfrutar de tanta belleza.

A la entrada de los templos principales las simpáticas vendedoras ambulantes te abordan con sus productos, longies, pantalones, camisetas, tazitas de nácar, postales, marionetas, sombrillas, pulseras, colgantes, imágenes de Buda y un sinfín de cosas más. También hay vendedores de lienzos muy bonitos hechos con arena y pintura acrílica, que se adelantan a tu respuesta negativa mostrándote como puedes arrugarlos y después plancharlos para que el poco espacio que ocupan no sea excusa para no comprarlos.

Todos son muy amables y sonrientes pero también implacables vendedores. Ante tus negativas, “iesuba” gracias en lengua local, te preguntan por tu país de origen y de allí sacan una nueva estrategia hablando un gracioso “spanishmar” : hola Coca Cola, bueno, bonito, barato, más barato que El Corte Inglés y otras frases que te hacen reír.

Cuando les repites tus negativas la mayoría se resignan con una sonrisa diciéndote: quizá mañana o hasta luego. Hay muchos chicos que son estudiantes que se pagan con estas ventas sus estudios, cuando hablas con ellos casi todos te dicen que quieren ser guías turísticos y que para eso estudian para alcanzar un futuro prometedor en esta nación que despierta al turismo. Algo que si les suele funcionar a estos chavales es convencerte para llevarte a “escalar”. Al ser te un país plano la mejor manera de ver las pagodas son las vistas desde lo alto de una de ellas. Pero el gobierno prohibió hacerlo a raíz de un terremoto que hubo hace unos años y en el que hubo bastantes heridos. Estos chicos conocen las pagodas apartadas y no controladas y conocen nuestra obsesión occidental por la foto perfecta así que te llevan a escalarlas y a verlas por una pequeña propina. Y por supuesto yo accedí y así tuve suerte y conocí a un buen chaval llamado Lila, un original y sonoro nombre que según me explico se lo pone el mismo igual que los demás estudiantes para que sea sonoro al turista. El suyo original para mí es impronunciable.

Hay que comprender que este país estuvo casi cerrado al turismo hasta hace solo unos 8 o 10 años y sus gentes quieren despertar a la globalización algo muy normal. La dama, como aquí la llaman sus miles de seguidores, fue una mujer disiente del régimen y después de ser excarcelada está dirigiendo un proceso de concienciación y modernización del país. Bien es verdad que a nosotros nos encantaría venir y ver este país como si se hubiera parado el reloj del tiempo pero ellos tienen su derecho a despertar a ese mundo que ven a través del escaparate de los medios de comunicación. Un mundo, el nuestro, que basa su filosofía en el Tener, y otro el suyo, más acertado a mi juicio, y que basa su modo de vida en el Ser. Ojalá no se contaminen demasiado de aquellos males y no pierdan esta esencia y buena energía que transmiten.

La mayoría, como amantes del fútbol que son monjes incluidos, conocen la liga española y sobre todo la Premier League inglesa así que es muy fácil dialogar con ellos sobre soccer, el deporte rey. Inclusa las manifestaciones son tan pacificas que si te sientes solidario todos te acogen, puedes incorpórate al grupo y pasar un rato extraño y divertido a la vez. Tuve ocasión de comprobarlo.

Los atardeceres aquí son mágicos. Dese cualquier punto que tenga algo de altura puedes disfrutar de la belleza de los colores al caer la tarde sobre las pagodas y los templos. Es una imagen que perdurará en mi mente durante mucho tiempo. Difícil no enamorarse d e un lugar tan tranquilo y apacible como este. Dos días nos han sabido a muy poco pero a la mañana siguiente cogeremos un barco que nos llevará el río Irrawady corriente arriba hasta Mandalay,

Quien viaja vive muchas veces, pequeñas revoluciones en busca de la felicidad alrededor del mundo.