PETRA, WADI RUM Y MAR ROJO

Un autobús de la compañía Jet Jordan nos trajo en unas 6 horas desde Ammán hasta Wadi Rum, más conocida como Petra o piedra, la ciudad perdida de los Nabateos. Esta ciudad prosperó en el siglo I después de Cristo gracias al ingenio de sus habitantes, el pueblo conocido como los nabateos, expertos comerciantes de especies y otros productos. En el siglo II esta región fue anexionada por Roma y siguió su prosperidad hasta que en el siglo IV un terrible terremoto destruyó casi toda la zona y se desertiza aún más y así esta famosa ruta comercial de antaño cayó en el olvido. De la época romana se conservan los anfiteatros, las avenidas con sus columnas laterales y otras construcciones para desarrollar una de las Decápolis romanas. Estas eran diez ciudades, de ahí decápolis, consideradas las más importantes e influyentes de toda Asia Menor. 

No fue hasta el siglo XIX en la que un explorador suizo redescubrió la ciudad gracias a que había oído hablar que existía una ciudad perdida que sólo los beduinos conocían ya que era una ciudad sagrada para ellos y por tanto sólo podían visitarla árabes. Disfrazado de árabe y con un guía, aquel suizo consiguió encontrar esta excepcional joya de Oriente Medio y de la que quedó maravillado al instante como todos los que después hemos estado visitando este mágico lugar. Una de las explicaciones del motivo sagrado de la zona es que los nabateos usaban estas construcciones dentro de la roca para enterrar a sus difuntos. Hay numerosas y al principio el visitante piensa que son cuevas y casas para vivir, pero son en realidad, tumbas de gente importante que podían permitirse hacerse construir un nicho de estas proporciones. Aparte de estas construcciones funerarias los nabateos también construyeron magníficos templos, que son los más famosos para los turistas y entre todos destaca el Treasure, el Tesoro, el más visitado y fotografiado de todo Petra. 

Elegimos para alojarnos el Petra Palace que costaba 100 dinars, unos 130€ por dos días, vale la pena pagarlos porque está junto a la entrada del centro de visitantes en la hondonada que hay debajo de la ciudad. El resto de hoteles están cuesta arriba, hay que andar mucho sobre todo a la vuelta del pateo de las ruinas, eso o coger un taxi que cobran muy caro.

Desde el centro de visitantes se comienza el largo recorrido a pie de toda el área que compone la ciudad y sus alrededores. El ticket de dos días cuesta unos 60 dinares que vienen a ser 75€. Puedes sacar un ticket por unos 70 para un solo día, cosa que no vale la pena por la escasa diferencia de precio y porque a mi modo de ver con dos días incluso si eres de visitarlo todo como yo, te va a faltar tiempo. Nada más entrar en el camino vienen los primeros embaucadores que te invitan a subirte a caballo para hacerte la foto “Indiana Jones” y acto seguido te ofrecen el caballo guiado para hacer el recorrido a cambio de un pastizal. Ni se te ocurra, te agobian y se enfadan y  además te engañan porque te dicen que vas a ir por el Siq, el desfiladero famoso, y no es cierto porque los caballos no pueden pasar. El Siq es el propio desfiladero y vas por una angosta y altísima garganta formada por antiguas corrientes de agua de la era cuaternaria. La roca es caliza y tiene un característico color aderezado por el implacable sol del desierto. No podía dejar de imaginarme a mi héroe juvenil favorito Indiana Jones, recorriendo a caballo este desfiladero hasta que llegas al Tesoro, aproximadamente unos dos kilómetros andando además de otro kilómetro desde el centro de visitantes hasta el comienzo del desfiladero. Los caballos tienen restringido el paso con el fin de no seguir deteriorando el suelo arenoso, pero si pueden pasar pequeños carruajes muy típicos y que ya conocía de las películas y que por supuesto son carísimos para los visitantes, solo son gratuitos para gente con discapacidades de movilidad. Aunque las distancias no son exageradas has de pensar siempre en hidratarte ya que la temperatura en la época de Junio cuando yo estuve visitando era de unos 35 grados además del implacable sol del que has de protegerte. Como el desfiladero es muy angosto, esto hace que la llegada a la explanada donde está el Tesoro sea mucho más impactante ya que se muestra a tus ojos de forma súbita e inesperada. No hay palabras para describir ese momento, hay que estar allí. Esa fachada anaranjada te deja boquiabierto y te recomiendo si puedes esperar a última hora de la tarde para que te quedes disfrutándolo cuando casi todo el mundo ya se ha ido como hicimos nosotros. En mi segunda visita subí hasta el mirador Indiana para ver la perspectiva aérea que tiene con las luces del atardecer. Más impresionante aún si cabe. El único problema es que para subir hay que hacerlo por una senda muy resbaladiza y algo comprometida en algún paso, además de que también encontramos algunas pequeñas serpientes venenosas que los niños del lugar se ofrecen para cazarlas. No me parece bien como ya he comentado en otras ocasiones sobre todo porque estos niños ganan el dinero muy fácil y ninguno quiere estudiar como es natural. Eso sí, los idiomas los chapurrean todos. 

Después del Tesoro se encuentra  la avenida de las fachadas, donde se pueden ver otros pórticos similares al Tesoro pero  inacabados porque aquellos terremotos impidieron que se acabaran. Puedes contemplar la magna obra de tallar estas paredes rocosas y el tiempo que costaría hacerlas. El teatro romano se encuentra más adelante y junto a la avenida. Aclarar que esta avenida es un camino ancho de tierra y polvo sin nada de vegetación pero que se llama de esa manera. Tumbas pequeñas hay por todas las paredes pero las más impresionantes se encuentran en tu camino arriba a la derecha son las tumbas reales. En su interior tienen un precioso color rosa con matices anaranjados y rojos que es espectacular debido a la riqueza del mineral de hierro que tiene en sus paredes. Estos efectos caprichosos de la geología son debidos a que toda esta área estuvo inundada hace muchos miles de años. La tumba de la urna y la de la seda son de las más famosas. Me explicaron que las fachadas se podían esculpir con mucha más facilidad porque en aquella época llovía con frecuencia en este lugar y la tierra era mucho más arenosa, por eso se tallaba de arriba hacia abajo.

Siguiendo el camino está la avenida de las Columnas, la antigua calzada romana muy bien conservada y que acaba en unos templos derruidos donde comenzaba la subida a la montaña a través de un desfiladero que te va ascendiendo. Gran parte de la subida tiene peldaños y si no quieres andar puedes alquilar un burro para que te lleve. Pasarás por el Triclinio del león, llamado así porque dos guardianes custodian la entrada de esta preciosa tumba. El recorrido es exigente y más teniendo en cuenta el sofocante calor aunque hay muchos puestos de bebida y souvenir en el trayecto. Bien vale la pena porque a la llegada a la explanada tienes dos fachadas “casi” tan espectaculares como el Tesoro, más auténticas y sobre todo menos masificadas. Hay unos asientos para poder contemplarlos en la distancia tomando alguna bebida refrescante. Cuando sopla el viento has de protegerte porque se forman unos remolinos muy espectaculares y que te dejan sin ver durante minutos. 

Aunque el día es agotador, vale la pena volver por la noche hasta el Tesoro donde se concentra la gente en el suelo al sonido de la música local para ver un espectáculo de luces muy bien preparado que ilumina la fachada del templo y que termina por embrujarte. El recorrido por el desfiladero está lleno de velas dándole un aire más misterioso y evocador.

Al día siguiente y ya con más calma me dirigí al altiplano a visitar el Punto de Sacrificio, un lugar donde se ofrendaban animales a los dioses. Desde allí hay un puesto donde puedes tomar un delicioso té con Alí y disfrutar de las vistas 360º. El lugar me impresionó tanto que quedé en volver a ver el atardecer y me comprometo a subir el tabaco ya que este chico vive allí en su jaima y no baja a menudo. Y así fue, después de volver a ver los lugares más emblemáticos desde otras perspectivas y con la tranquilidad de tener las fotos ya hechas, ascendí de nuevo a la montaña a ver a Mohamed. Me invitó a un té muy agradecido por subirle y regalarle el tabaco y allí pasé una hora disfrutando de las vistas. Ese atardecer de tonos anaranjados reflejando desde arriba en la montaña las avenidas de los templos y las tumbas es algo que difícilmente olvidaré. La vuelta ya anocheciendo la hice con unos chicos del lugar que volvían a la ciudad por una senda que daba un rodeo y con el tiempo justo antes que cierren los accesos al parque.

Una deliciosa cena jordana en Mum´s Receipt me esperaba junto a mi mujer con la mente aún en  toda la experiencia  vivida en este maravilloso lugar.

Al día siguiente un bus local nos llevaba de Wadi Musa a Wadi Rum en unas tres horas al desierto. Nos alojamos en uno de los muchos campamentos que hay habilitados con habitaciones particulares por unos 100€ por persona que incluye el recorrido en jeep 4×4 todo el día, las comidas y el alojamiento con aseo y ducha privada. Es un lugar muy particular ya que aunque es desierto puro también hay montañas rocosas y las dunas de arena están localizadas. Esto era un lugar de paso para los comerciantes beduinos y hay muchos lugares característicos como el famoso y espectacular cañón de arena que puedes cruzar de lado a lado y donde acaba hay un puente de arena natural petrificada como suspendido en el aire y muy angosto pero que puedes cruzar si eres algo atrevido. El plato fuerte del recorrido es la parada en la Casa de Lawrence de Arabia, un lugar donde el famoso militar estuvo viviendo cuando apoyaba a las facciones rebeldes árabes frente al invasor inglés y que se recoge en la película con Peter O´toole. Durante el recorrido vimos muchas caravanas de camellos y pudimos parar a verlos y tocarlos con cuidado ya que en esta época del año mudan la piel. Ya de vuelta al campamento nos dirigimos a un rincón bien orientado para ver y disfrutar de un delicioso atardecer y después cenamos el típico pollo hecho a las brasas bajo tierra durante todo el día y más tarde nos fuimos a la habitación. Yo elegí hacerlo fuera viendo las estrellas hasta bien entrada la noche. Después de dormir unas horas en la cama volví a despertarme a las 5 de la mañana para ver el amanecer. Todo el mundo seguía durmiendo y allí estaba yo sentado en la húmeda arena disfrutando del silencio de la noche y del alba presidida por una espectacular luna creciente. Y amaneció, salió Aurora de dedos sonrosados a llenar de luz Cielo y Tierra.

A media mañana volvimos hacia el centro para coger un taxi por unos 20 dinars para que nos llevará hasta el Mar Rojo en la ciudad de Aqaba en un par de horas. El nombre parece ser que le viene porque en la orilla hay numerosos guijarros de color rojo, el color de las rocas de todo este lugar desertico. Nos alojamos en el hotel Prestige por unos 26 dinars unos 35€ los dos, un muy buen lugar además de barato, buena cama, buena atención  y buen aire acondicionado. Mohamed  el amable chico del hotel nos indicó que eligiéramos el Berenice de los dos Beach Club  que hay en la playa junto al Mar Rojo. Desde la playa que está a unos 12 Km de la ciudad ves a simple vista las tres fronteras: Israel, Arabia Saudí y Egipto. 

La mejor forma de ir es en bus con la entrada al Club incluida por 12 dinars con toallas y tumbona. Si coges taxi solo te cobrará 10 y luego tendrás que pagar la entrada. Lo único que tienes que pagar es lo que comas y bebas. Nosotros comimos el aperitivo mezze y un delicioso pescado denis fish muy parecido al mero. El problema son los 40 grados de temperatura que te achicharran y te obligan a buscar sombra o vivir en el agua. Mucho ojo con el coral que araña bastante si no tienes precaución y puedes herirte con facilidad. Hicimos por la tarde un tour para ver los japanese Garden, unos corales preciosos llamados así porque los cuidan japoneses y pueden verse en el Glass Boat a través de su suelo de cristal. También puedes ver muchos tanques y aviones de las muchas guerras que han sufrido en esta zona. Incluso hay un buque fragata llamado San Bruno porque fue botado en el puerto de Pasajes y luego comprado por un libanés hasta acabar aquí como buque de carga y hundirse. El barco para una hora y puedes bajar con las aletas y el snorkel y disfrutar del coral y de los numerosos peces, morenas, peces león y muchos otros de color. A la vuelta comimos en el hotel pollo delicioso y cervezas compradas en un take away y a la mañana siguiente bien temprano rumbo a Amman de vuelta para después de 4 horas hacer escala, comer algo e ir al Mar Muerto en Uber donde llegamos a las 4 de la tarde. El Mar Muerto es un lugar muy turístico para familias, famoso por el Sol y los baños y nos alojamos en el hotel Dead Sea Spa Hotel dos noches. Se encuentra a 430 metros por debajo del nivel del mar. Hay muchísimo más oxígeno y la presión atmosférica es aún mayor. Estas características hacen que estés mucho más protegido contra los rayos ultravioleta. Por tanto ideal para tomar sol y baños de barro de lodo mezclado con agua salada. Parece ser que tiene muchas propiedades terapéuticas. Cuando entras en el agua te parece todo muy pesado al moverte, te paras y flotas y no hay manera de hundirte. debes llevar muchísimo cuidado no entre agua a los ojos ni a la boca, especialmente los ojos porque quema muchísimo. Lo normal en el mar son 35 gramos por litro de agua y aquí son 280 gramos por litro, brutal. Una experiencia muy chula. Atardecer precioso dirección poniente viendo Israel en la otra orilla. Hicimos una visita al día siguiente a la preciosa ciudad de Madaba y al Monte Nebo también con Uber, mejor que el carísimo taxi, que se pasan tres pueblos. De camino desierto y más desierto. No imagino a los israelitas penando por aquí en busca de la tierra prometida … hacia el norte está la frontera con Israel que la separa del margen del río Jordán. Antes de llegar está el lugar donde San Juan bautizó a Jesus. El lugar aunque está muy cerca es complicado de visitar porque está en el margen jordano pero custodiado como territorio israeli, por lo que hay que hacer lentos trámites de acceso y además el transporte se paga aparte. Y así llegamos al King Hussein Bridge Border, el puente que separa los países. Un lugar decadente como a mí me gusta y donde cogeremos el Jetbus que nos llevará a la orilla israeli. Los trámites se hacen en la misma frontera, pagando visado y equipaje. Cruzas el control fuertemente militarizado y teniendo en cuenta que NO TE CUÑEN el PASAPORTE. Ya lo saben porque este país está enemistado con todos los de la zona salvo Jordania, por tanto si te cuñan el pasaporte luego no nos dejarían volver a Líbano de ninguna de las maneras, por ejemplo. Los militares son chicos y chicas jóvenes y simpáticos pero fuertemente armados. Después camino de Jerusalén en otro bus, viendo el Mar Muerto desde la otra orilla .

www.elviajerotriton.es

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