BEIRUT

Nos embarcamos en Barcelona rumbo a Beirut para visitar a nuestros amigos libaneses que habíamos conocido en el verano del 2018 en las islas griegas. Un destino para conocer no solo el Líbano sino todo lo que pudiéramos de Oriente Medio.

Elegimos alojamiento en Mar Michael un barrio acomodado y muy próximo al mar y al downtown de la ciudad, un hotelito llamado Unit for Living. Aunque la zona está muy bien ubicada, se encuentra un poco escondido y los taxistas se pierden como le pasó al nuestro y dimos muchas vueltas para llegar. Por esto a partir de la llegada nos movimos con Uber y así les indicas la dirección y te despreocupas de si les es fácil de encontrar o no. Todo y en todos sitios se puede pagar en dólares norteamericanos o bien en libras libanesas que se cambian a 1600 libras por euro aproximadamente. 

A la mañana siguiente comenzamos la visita de la ciudad. En el centro puedes visitar la mezquita musulmana y la iglesia católica que conviven muy cerca una de otra, algo habitual aquí. Hay que decir que la mayoría de la población es cristiana algo que sorprende al que no lo sabe. Muy cerca está la Torre del Reloj, un precioso edificio visible desde la distancia, y allí se encuentra una zona peatonal que disfruta de muy buen ambiente sobre todo por la noche.

Aquí en el centro se encuentran las tiendas más exclusivas y caras de la ciudad sobre todo de moda. Beirut se consideraba la pequeña suiza así que puedes imaginar el nivel de lujo que hay en el centro de la ciudad. Situada al borde del mediterraneo oriental, esta preciosa ciudad es uno de los puertos más antiguos y data de la época fenicia. La avenida Charles de Gaulle que recuerda su pasado francés, cruza de sur a norte la ciudad.

De obligada visita y que puedes hacer caminando por el paseo marítimo en unos 30 minutos se encuentra Raouche Rocks, los dos famosos islotes junto a la costa que todo el mundo viene a fotografiar y desde donde ver unas impresionantes puestas de Sol. Hay unas cuevas que se pueden visitar en barca y son muy recomendables ya que cruzan por un hueco debajo de los islotes. 

Por la noche nuestros amigos libaneses aunque no pudieron acompañarnos, nos reservaron en un bonito lugar llamado Caprice una mesita para tomar algo. Se trata de un lugar muy exclusivo y al aire libre como casi todos aquí. Les pedimos que fuera auténtico, donde suelen ir la gente de aquí, por tanto bastante árabe, sobre todo la música. Nos integramos en seguida aunque parecíamos ser los únicos europeos, todos nos sonreían y les agradaba que gustáramos de bailar su música. Un grupo local amenizaba en directo la fiesta. La sorpresa llegó cuando de repente entre una y otra canción, de momento el cantante me llamó por mi nombre Andrés de España y preguntándome por mi estancia en Beirut y si estaba disfrutando de la fiesta ante el jolgorio general y todos mirándonos ya que estaba claro que éramos los únicos europeos y se trataba de nosotros. Una broma muy divertida de mis amigos libaneses que parece ser conocían mucho al cantante del grupo. Después nos acercamos solo para verlo al Sky Bar aunque ya estaba por cerrar. Las vistas son excepcionales, un buen lugar para pasar una noche también al aire libre.

Al día siguiente nos marchamos con rumbo norte hacia Biblos, una visita que tenía muchas ganas de hacer y visitar uno de los primeros puertos puertos del mediterraneo y sobre todo el primer puerto comercial por su importancia en la época fenicia. El nombre de la ciudad se conoció así porque desde aquí se distribuyeron muchísimas de las primeras biblias traducidas y escritas en lengua fenicia, la primera escritura conocida después de los glifos egipcios. El nombre original de la ciudad en libanes es Jabil. El puerto es pequeño pero muy espectacular, está situado en una pequeña bahía natural y ocupado por muchos barcos antiguos sobre todo de pesca, el recurso principal de la ciudad. Como curiosidad estuvimos en un restaurante propiedad de un español llamado “La Hacienda de Pepe”, un paisano asentado aquí hace muchos años y que ha comprado muchas propiedades en esta pequeña zona portuaria y montado varios negocios turísticos. La ciudadela está fortificada y se encuentra muy bien conservada, numerosos asentamientos con torreones, cuevas y pasadizos y que incluyen también un pequeño anfiteatro. El casco antiguo de la ciudad está protegido por la entrada de las murallas de la ciudad, una muralla que aún conserva su piedra original. De hecho todo lo que se construye alrededor nuevo ha de respetar el color teja de la construcción primitiva, conservando todo el encanto. La entrada viene de la antigua calzada romana de la que aún se conservan bastantes restos, incluyendo las columnas que se erigían a ambos lados. Demasiado se conserva teniendo en cuenta que esta es una zona de frecuentes movimientos sísmicos, no solo aquí sino en todo el Mar Egeo.

Al norte de Biblos se encuentra la segunda ciudad más grande del Líbano, Trípoli, ya casi frontera con Turquía, además del poco tiempo que teníamos tampoco despertaba mucho interés ya que es una ciudad relativamente moderna así que volvimos rumbo sur hacia Beirut de nuevo. A la vuelta de Biblos paramos en una bonita villa llamada Batrun, la ciudad de las esponjas. Allí nos contaron que los buceadores, por supuesto a pulmón, bajaban a las profundidades del mar frente a la costa y arrancaban de forma suave parte del coral que después vendían en el mercado para que las mujeres que pudieran permitirse pagarlo lo utilizaran como esponjas de baño. Algo impensable hoy en día con las protecciones que tiene los fondos coralinos después de los destrozos que los seres humanos estamos haciendo en nuestros mares. También estuvimos visitando lo que queda del puerto construido con piedras haciendo un espigón para proteger tanto a los barcos como a la propia ciudad de las inclemencias del mar. Hay que pensar que los fenicios eran básicamente comerciantes, de ahí su interés en construir muchas ciudades costeras aprovechando los recursos naturales. 

Antes de llegar a la capital se encuentra la ciudad de Julienne, que es famosa porque en lo alto del cerro que domina a la ciudad hay una enorme estatua de Haisha, la patrona del país. Se puede ascender a la cima gracias a un cable car o teleférico que te sube en unos minutos para poder disfrutar de unas impresionantes vistas a la ciudad y a todo el Mediterraneo. 

Por la noche, ya de vuelta en Beirut y después de descansar y cambiarnos, fuimos a cenar y a disfrutar de una deliciosa fiesta al aire libre con nuestra amiga Sandy en uno de los locales más de moda de la ciudad, Spine. Disfrutamos muchísimo de la velada hasta las cuatro de la madrugada, hora en la que nos recogimos, ya que al día siguiente volábamos temprano a Amman y se necesita mucho tiempo de antelación  en el aeropuerto por las exigentes medidas de seguridad habituales de esta zona del mundo. En apenas una hora aterrizamos en suelo jordano, y como curiosidad decir que la capital Amman, antes se llamaba Filadelfia.

No vayas donde te lleva el camino. ve donde no haya camino y deja tu huella. Ralph Waldo Emerson.

www.elviajerotriton.es

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