Battambang

Para llegar a esta ciudad desde Siem Reap, hay que bordear el inmenso lago Tonle Sap de 12.000 kilómetros cuadrados en un viaje por carretera que dura unas 5 o 6 horas. Este trayecto también puede hacerse en barco en unas 8 o 9 horas dependiendo del caudal del rio. El lago está conectado al río Mekong por el afluente que lleva su mismo nombre y que tiene 120 kilómetros de longitud. Aquí se produce un efecto único de corrientes fluviales y es que las caudalosas aguas del rio en la época posterior al monzón fluyen del Mekong en dirección hacia el lago y meses más tarde será el lago quien vaciara sobre el río en dirección opuesta.

La ciudad no es muy grande, tiene muy pocos edificios altos pero si algunos coloniales de la época francesa muy bonitos y bien conservados como la casa del gobernador y el de correos. Nos llama la atención la cantidad de tiendas de venta de motocicletas. Estamos muy acostumbrados a verlas por las carreteras pero aquí es exagerado. Preguntamos y nos dicen que cuestan unos 700 dólares cada scooter y que para ellos conseguir una supone su primer nivel de status social así que todo el mundo quiere la suya.

Te aconsejo que cojas el primer bus de la mañana a las 7 y así llegaras como nosotros a mediodía a Battambang y podrás hacer las actividades ese mismo día y solo tendrás que pasar una noche que es suficiente. Sobre la una y media salimos dirección sur a realizar una de las experiencias más curiosas que hemos hecho en todo el viaje: el tren de bambú. Se trata de una plataforma desmontable con motor que circula por la vía férrea y que se utiliza aquí desde hace más de 30 años. La falta de recursos del país empobrecido después del régimen de Pol Pot, la casi inexistencia de trenes y el mal estado de las carreteras hizo que el ingenio y la necesidad de los camboyanos usarán este medio para desplazarse por aldeas y ciudades conectadas por la vía férrea. El norry como lo llaman los camboyanos es una tabla de bambú se acopla a un par de ejes con ruedas de acero y se propulsa con un motor de lancha de rio o de motocicleta. La principal ventaja de ese tren es la facilidad en montarlo y desmontarlo para dejar paso unos a otros que se vayan encontrando por el camino. El gobierno está decidido a impulsar la línea férrea y los ha prohibido de forma tajante pero en esta zona los más de cien propietarios que llevan ofreciendo este servicio a los turistas por unos 5 dólares se resisten así que si te das prisa podrás vivir la experiencia y disfrutarla tanto como nosotros.

Después y con el tuk tuk que teníamos alquilado nos dirigimos a Wat Phnom Banan que es un templo localizado en una colina y al que se llega por una escalinata indeterminable. Es una de esas visitas que llaman “obligadas” pero que está en ruinas y después de Angkor es muy difícil que te impresione. Para adictos a visitarlo todo…

Por último visitamos antes el atardecer Wat Phnom Sampeau. Este lugar si vale y mucho la pena a pesar de estar muy masificado por los turistas. Si no quiere subir andando hasta lo alto de la colina unos 40 minutos de escaleras y carretera puedes, como hicimos nosotros, pagar unas motocicletas que te suben por las empinadas cuestas hasta la Cueva de los Murciélagos y la Pagoda. Esta cueva se convirtió en tiempos de los jemeres rojos en un centro de eliminación de detenidos, simplemente los despeñaban desde un agujero unos 60 metros. Terrible. Una vez bajas a la cueva puedes ver un santuario con muchos huesos sin identificar en memoria de las miles de victimas.

A la bajada podrás disfrutar de la salida de cientos de miles de murciélagos que justo al atardecer salen hacia los campos de arroz y lagunas a por su comida, fundamentalmente mosquitos y que no volverán a la cueva hasta el amanecer. La estampa de estas bandadas a la luz del atardecer fue otro gran momentazo.

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De vuelta a la ciudad nos espera una apetitosa cena a base de uno de los platos típicos camboyanos, el Lok Lak. Este plato herencia de la colonización francesa lleva carne a medio cocer y se sirve con lechuga, cebolla y papas. También has de probar el Amok, el plato más famoso. Se trata de un curry de pollo o pescado y que lo preparan con leche de coco y normalmente se acompaña con arroz.

Al día siguiente estuvimos haciendo un tour express por toda la ciudad con un tuk tuk que contrastamos y al mediodía cogeriamos otro autobús local que nos llevaría hacia el sur a nuestro próximo destino, la capital Phnom Pen.

Decía con sabiduría Steve Jobs que cada mañana al levantarse y mirarse al espejo se decía que aquel podría ser el último día de su vida y seguro que algún día acertaría.

Y es que no debemos dar por hecho que mañana saldrá el sol. Por el mismo motivo un té quiero no puede ser repetitivo. Ni un gracias está de más ni tampoco un lo siento. Caerse es necesario y levantarse la única opción, no queda otra. No hay que olvidar a los que siempre estuvieron pero hay que aceptar a los que han decidido irse. No hay culpables. Todo ocurre para algo, así que la pregunta no es porqué sino para qué. Cuando aceptamos la neutra realidad dejamos de sufrir. Es tan fácil que es incomprensible saber porque nos cuesta tanto a todos entenderlo y practicarlo. Yo el primero.

http://www.elviajerotriton.es

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