Si Pan Don

A la una del mediodía cogimos nuestro autobús hacia la capital del país Vientianne a orillas Del Río Mekong. Llegaríamos al atardecer en un largo y movido viaje por las habituales carreteras de ripio a las que ya estamos muy acostumbrados. Las paradas por los puestos locales delatan mucho el tipo de viajero sobre todo en la manera de aceptar y compartir la comida local y también sus costumbres. Con todo el respeto para todo el mundo, pero a nosotros nos gusta compartir la comida con ellos y dialogar aunque sea con señas y sonrisas en lugar de pasar aislados por estos lugares.

En La capital apenas tuvimos tiempo de visitar Hat Don Chan a orillas del rio pero pudimos disfrutar de un hermoso atardecer. A las 7 ya estábamos de vuelta en la estación central de autobuses donde cogeriamos un sleeping bus hacia nuestra próxima parada Pakse. Este es el principal transporte de larga distancia que hemos estado usando en todo el Sudeste asiático y a la verdad es que no solo te acostumbras sino que te acaba gustando y lo llegaremos a echar de menos. Llegamos a las 7 de la mañana y aquí cogeremos otro transporte que nos llevará en unas dos horas más a la pequeña población de Ban Nakasang una ciudad fronteriza y el puerto de entrada en Si Pan Don, también conocido como 4000 islas o la playa de Laos.

Yo no sé si son 4000 pero hay muchísimas islas e islotes que se forman en una de las partes donde más se ensancha el río Mekong formado un inmenso delta que luego dará paso a fuertes rápidos y cascadas. Este es un destino mochilero por excelencia para pasar relajado en un increíble lugar. Hay tres islas habitadas de las que dos son las más populares para mochileros, Don Det y Don Khon que como además están unidas por un puente puedes visitar las dos donde sea que te alojes. Los tickets puedes comprarlos en el puerto pero te resultará más barato comprarlo incluido junto con el bus que te ha traído en nuestro caso desde Pakse.

Nosotros nos alojamos en Don Khon en un hotelito llamado Sala Done Khone que tiene las habitaciones, más que orillas, dentro del rio, son las rivervillas. Aquí nos quedaremos tres noches pero podrían haber sido muchas más. En este lugar el reloj se ha parado. A las 7 de la tarde ya no hay luz en casi ningún lugar así que es perfecto para disfrutar de la tranquilidad. Alquilamos una motocicleta por unos 5 dólares al día para movernos pero casi todo el mundo pasea en bicicleta ya que es todo llano.

El puente lo construyeron los franceses ya que estas islas eran un paso estratégico para cruzar los rápidos del Mekong en ferrocarril y hoy se usa como paso para vehículos aunque puedes recorrer muchos tramos de vía férrea.

En Don Det se encuentran los alojamientos más baratos para mochileros y en la única y larga calle de la pequeña villa se encuentran restaurantes, hostales, tiendas de comida y pocas cosas más. Dinero es mejor lo traigas antes de llegar a la isla, aquí no hay cajeros, las tarjetas no las aceptan y el cambio de moneda es muy desfavorable. Al norte de esta isla está el Sunset Viewpoint, que como imaginaréis es el lugar perfecto para ver el atardecer tomando una Beerlao o un exquisito zumo de frutas. Si vas desde la otra isla y haces el recorrido alejado del rio disfrutas del campo y veras a los granjeros cultivando el arroz y te regalarán sus mejores sonrisas y un dulce sonido: Sabaidee.

Para cenar os aconsejo en esta misma isla el restaurante Mama Leuah, precioso y nada caro con comida local. Nosotros fuimos justo después de ver el atardecer. Después de cenar, a las 6 y media la hora local, y viendo que amenazaba lluvia, cogimos la moto y nos dirigimos por una “carretera” que más bien era una senda hacia el puente para cruzar hasta nuestra isla y todo totalmente a oscuras. Debes llevar cuidado sobre todo con el suelo resbaladizo para la moto. Nada más llegar a la habitación callo un tremendo chaparrón con cuyo agradable tintineo caímos rendidos a Morfeo.

Que maravilla es amanecer en este lugar, una paz y un silencio solo roto por el ruido de las barcas en el río. Un desayuno en la terraza del hotel a orillas del Mekong y listos para conocer los maravillosos rincones de estas islas. Te aconsejo que aproveches bien el día y las horas de luz. Cuando oscurece, y afortunadamente, ya no hay mucho más que hacer que relajarte en tu alojamiento.

La Luz del día es increíble, de un azul brillante que hacía tiempo no veía. Estuvimos recorriendo la isla por uno e los dos caminos que hay. Imposible perderse y de hacerlo cualquier granjero te indicará amablemente por donde ir; aunque no entienda tu lengua sabe dónde vamos los pocos turistas que pasamos por allí.

Lo más impresionante son las Khone Phapheng Waterfalls, una sucesión de imparables rápidos de agua del rio Mekong que en forma de cataratas van bajando en múltiples afluentes del rio. Impresionante no, lo siguiente.

Si te va el subidon de adrenalina como a mí, puedes practicar algo muy nuevo en este lugar: la zipline, la tirolina que cruza el río de parte a parte en varios tramos. Este lugar poco conocido se llama Somphamit y lo regenta un chico llamado Ongard que hará de guía junto a su ayudante. La experiencia es única, no conozco nada parecido de estas características en ningún otro lugar y no cuesta mucho dinero, unos 55 dólares. Ongard me explica que lleva tan solo un mes abierto y que somos los primeros extranjeros en probarlo, que aún no lo han publicitado. Hasta ahora han subido los monitores y bastante gente local y nosotros tenemos la suerte de poder disfrutarlo con ellos.

Tanto es así que yo repetí al día siguiente y de regalo me llevaron a un tramo nuevo que están montando justo debajo de la catarata más impresionante. Aquí sobran las palabras, has de probarlo por ti mismo para saber lo que se siente.

Río abajo después de los rápidos y hacia el sur de la isla encontraras un pequeño puerto pesquero desde donde podrás cruzar a la isla de enfrente y darte un paseo por Camboya sin necesidad de pasaporte. Como en dos días vamos a visitar este país, preferimos hacer otra actividad más curiosa y también especial y única: ver a los pakha, los delfines autóctonos del rio Mekong, una especie en vías de extinción por las capturas por parte de los pescadores y también por la contaminación de este inmenso rio. Hay que decir que aquí la gente vive del rio pero lo cuida poco, es fácil ver bolsas, latas y toda clase de cosas flotando por la superficie. La concienciación ecológica está aquí a años luz del primer mundo y quizá crean que sus recursos son ilimitados. Aún así he de decir que el pescado está delicioso y yo lo incluyo a diario en mi dieta.

Los interminables atardeceres y la poesía de sus luces y colores es algo que me llevo en mi memoria de este lugar. He tenido la suerte de disfrutarlo y por tanto he de ser agradecido por la fortuna de haberlo vivido. Momentazos que me llevo conmigo y que me confirman que debo seguir enamorándome de la vida.

Frida Kahlo en su lucidez nos regaló frases como esta: Enamórate de la vida, y luego que te quiten lo que quieras.

La vida es un proceso de ganar y perder, de sorpresas agradables y desagradables, de nacer y de morir. En el latido de nuestro corazón nos acompañarán momentos de gozo y alegría, pero también de ausencia, desesperación, soledad y vacío. Por eso con toda la humildad creo que una lección fundamental es aprender a amar lo que tenemos mientras podamos disfrutarlo. La pérdida es inevitable pero también lo es el factor sorpresa que nos puede bendecir en cualquier momento. Abramos el corazón a todo aquello y aquellos momentos que nos sean regalados y aprendamos a decir adiós cuando estos tengan o decidan marcharse.

http://www.elviajerotriton.es

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