Tren a Hsipaw

Para ir desde Mandalay a nuestro nuevo destino Hsipaw elegimos un tren muy muy lento pero espectacular e impresionante. La hora de salida son las 4 de la mañana así que nos toca pegarnos el madrugón, caminamos en silencio y no hay nadie por las calles la mayoría de la gente duerme, pero algunos como no tienen otro sitio lo hacen en la misma calle. Se nos encoge el alma de ver a estas pobres personas…

En la estación de tren nos acompaña el mismo cuadro de gente durmiendo en el suelo por todos lados. Tan poco acostumbrados a ver estas cosas nos produce mucha pesadumbre.

Nos acomodamos enseguida en nuestros asientos que por cierto son bastante más cómodos de lo que esperábamos.placeholder://

Olvidamos el picnic de almuerzo que nos prepararon en el hotel. Poco importa porque pronto haremos una de las múltiples paradas que haremos esta vez para almorzar. Aún es de noche y es toda una experiencia bajarte y ver a todo el mundo acercarse al puesto de comida como si fuera una churreria recién abierta.

Este es un tren cremallera del los que va cambiando de dirección conforme va adquiriendo altura, cinco desniveles nos elevarán por encima de la sierra para seguir viaje por arriba de las colinas. Unas cuantas paradas más tarde y llegamos a la hora del amanecer que coincide en un apeadero y así tengo la suerte de disfrutarlo con calma, está es la ventaja de viajar en este tipo de trenes locales. Tampoco hay que preocuparse por la salida porque el revisor toca el silbato y el maquinista la campana con tiempo y de todos modos os aseguro que andando seguro que pillas este tren.

El tren se acerca al apeadero de Pyin U Lwin, y desde allí ya vamos a poder ver el impresionante viaducto de Gokteik. El viaducto de 700 metros de largo es una enorme estructura metálica construida en 1899 y que supuso un desafío para la ingeniería de aquella época. Hoy se sigue utilizando ya que es la única conexión terrestre desde esta área con la capital del estado Shan, Lashio. Hay que situarse en las ventanas de la izquierda para superando el vértigo y poder disfrutar de los 100 metros de altura que nos separan del fondo del valle y del curso del rio.

Es delicioso ver el paisaje desde el tren, me encanta esta manera de viajar sobre todo a esta velocidad y con este tipo de trenes clásicos. Es la mejor manera de disfrutar del paisaje, del país, de sus gentes y sus costumbres.

Y a la llegada una cálida y calurosa bienvenida como no podía ser de otra manera por parte de gente tan simpática y cordial para llevarnos a nuestro alojamiento, El Tai House Resort que es un maravilloso lugar algo apartado del centro del pueblo pero con un servicio y atención excepcionales muy fuera de lo común.

Aún llegamos a tiempo para subir a la Sunset Hill y es que como ya os he contado una de mis pasiones es poder ver estos atardeceres mágicos y no pierdo ninguna oportunidad.

Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo, nunca lo dice o lo dice infinitamente, y no lo entendemos o lo entendemos infinitamente pero es intraducible como una música. Jorge Luis Borges.

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