Bagan

Tenemos dos días por delante para disfrutar de la ciudad de los templos. Amenaza lluvias a nuestra llegada aunque ya no es época porque ha acabado el monzón. Parece ser que quedan los últimos coletazos de un ciclón que ha asolado Bangladesh. La suerte nos acompañará el segundo día, el primero tendremos que aceptar con buenas dosis de humor algún que otro chaparrón.

Lo primero que hacemos es alquilar una ebike, una moto eléctrica por solo 3€ al día. Esta medida del gobierno en fomentar su uso es muy positiva y ayuda no solo a evitar la contaminación sino a que la ciudad sea muy poco ruidosa, ya que la mayoría de los turistas y muchos de los locales utilizamos este transporte. La parte negativa es que estos vehículos están condenando a las tradicionales calesas el medio más utilizado en este país rural que poco a poco va saliendo de la autarquía. Los locales dicen que “ebike is killing horse riding”.

Pronto te das cuenta que te encuentras en un sitio mágico. La carretera principal que une Nyunag-U con Old Bagan y New Bagan es un precioso recorrido custodiado por cientos de acacias, mimosas y otros hermosos y saludables árboles tropicales. Entre ellos dejan ver el muy cuidado campo agrícola birmano con mucha fruta y verdura y del que destaca el cacahuete el principal producto local y básico en su cocina. Al fondo también vemos inmensos bosques de bambú madera y materia prima con la que hacen de casi todo aquí, casas, canastas, zapatillas, sombreros y toda clase de artesanía.

Pero lo mejor son las vistas de las innumerables pagodas que hay a uno y otro lado de la carretera que se pierden en el horizonte, no puedes remediar parar continuamente para disfrutar de tanta belleza.

A la entrada de los templos principales las simpáticas vendedoras ambulantes te abordan con sus productos, longies, pantalones, camisetas, tazitas de nácar, postales, marionetas, sombrillas, pulseras, colgantes, imágenes de Buda y un sinfín de cosas más. También hay vendedores de lienzos muy bonitos hechos con arena y pintura acrílica, que se adelantan a tu respuesta negativa mostrándote como puedes arrugarlos y después plancharlos para que el poco espacio que ocupan no sea excusa para no comprarlos.

Todos son muy amables y sonrientes pero también implacables vendedores. Ante tus negativas, “iesuba” gracias en lengua local, te preguntan por tu país de origen y de allí sacan una nueva estrategia hablando un gracioso “spanishmar” : hola Coca Cola, bueno, bonito, barato, más barato que El Corte Inglés y otras frases que te hacen reír.

Cuando les repites tus negativas la mayoría se resignan con una sonrisa diciéndote: quizá mañana o hasta luego. Hay muchos chicos que son estudiantes que se pagan con estas ventas sus estudios, cuando hablas con ellos casi todos te dicen que quieren ser guías turísticos y que para eso estudian para alcanzar un futuro prometedor en esta nación que despierta al turismo. Algo que si les suele funcionar a estos chavales es convencerte para llevarte a “escalar”. Al ser te un país plano la mejor manera de ver las pagodas son las vistas desde lo alto de una de ellas. Pero el gobierno prohibió hacerlo a raíz de un terremoto que hubo hace unos años y en el que hubo bastantes heridos. Estos chicos conocen las pagodas apartadas y no controladas y conocen nuestra obsesión occidental por la foto perfecta así que te llevan a escalarlas y a verlas por una pequeña propina. Y por supuesto yo accedí y así tuve suerte y conocí a un buen chaval llamado Lila, un original y sonoro nombre que según me explico se lo pone el mismo igual que los demás estudiantes para que sea sonoro al turista. El suyo original para mí es impronunciable.

Hay que comprender que este país estuvo casi cerrado al turismo hasta hace solo unos 8 o 10 años y sus gentes quieren despertar a la globalización algo muy normal. La dama, como aquí la llaman sus miles de seguidores, fue una mujer disiente del régimen y después de ser excarcelada está dirigiendo un proceso de concienciación y modernización del país. Bien es verdad que a nosotros nos encantaría venir y ver este país como si se hubiera parado el reloj del tiempo pero ellos tienen su derecho a despertar a ese mundo que ven a través del escaparate de los medios de comunicación. Un mundo, el nuestro, que basa su filosofía en el Tener, y otro el suyo, más acertado a mi juicio, y que basa su modo de vida en el Ser. Ojalá no se contaminen demasiado de aquellos males y no pierdan esta esencia y buena energía que transmiten.

La mayoría, como amantes del fútbol que son monjes incluidos, conocen la liga española y sobre todo la Premier League inglesa así que es muy fácil dialogar con ellos sobre soccer, el deporte rey. Inclusa las manifestaciones son tan pacificas que si te sientes solidario todos te acogen, puedes incorpórate al grupo y pasar un rato extraño y divertido a la vez. Tuve ocasión de comprobarlo.

Los atardeceres aquí son mágicos. Dese cualquier punto que tenga algo de altura puedes disfrutar de la belleza de los colores al caer la tarde sobre las pagodas y los templos. Es una imagen que perdurará en mi mente durante mucho tiempo. Difícil no enamorarse d e un lugar tan tranquilo y apacible como este. Dos días nos han sabido a muy poco pero a la mañana siguiente cogeremos un barco que nos llevará el río Irrawady corriente arriba hasta Mandalay,

Quien viaja vive muchas veces, pequeñas revoluciones en busca de la felicidad alrededor del mundo.

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