Mui Ne

Mui Ne es un pueblecito de pescadores al sur de Vietnam donde hemos pasado las dos siguientes noches de nuestro viaje. Llegamos en tren desde Ho Chi Ming y este hemos decidido será nuestro medio de transporte para recorrer Vietnam de sur a norte algo que aconsejo a todo el mundo.

Este pequeño pueblo parece un sitio tranquilo, de gente local, ambiente relajado… En un costado del pueblo y durante varios kilómetros de costa se levantan una infinidad de resort de súper lujo, algo que nunca habíamos visto hasta ahora durante nuestro viaje , uno al lado del otro, sin que apenas haya espacio para acceder a la playa. Y lo más curioso es que sus carteles, como los de las tiendas, restaurantes, farmacias, etc. estaban escritos en vietnamita y en… ruso! Es una especie de Mallorca para los alemanes, pero en Vietnam y para los rusos. Nosotros nos alojamos en una casa de huéspedes llamada Joe´s Café barata pero algo ruidosa por la música en vivo…

De camino al pueblo por el paseo marítimo de noche ponen restaurantes de pescado  y marisco donde poder cenar contemplando una bonita puesta de sol o al caer la noche. Entre los pescados que ofrecen, pues de todo tipo, mantas, tiburones, morenas, ranas, peces de color azul, tortugas, mariscos de todos los tipos… incluso serpientes. Y por supuesto buena cerveza local Saigon.

El pueblo ha sido castigado hace pocos días por un ciclón y las playas están muy dañadas algo normal por aquí que están acostumbrados a arreglar los desperfectos y poner nuevas barreras de protección. La bahía es enorme y el puerto pesquero se encuentra al fondo y a diferencia de las playas está protegido de forma natural. La vista desde lo alto de la carretera con el puerto son espectaculares con todos los barquitos esperando que caiga la noche para salir a faenar. disfrutaremos de un divertido paseo en una de las barcas redondas típicas de la zona. Es como una bañera y con un solo remo y mucha técnica el barquero la hace avanzar.  Intentamos imitar a nuestro patrón pero solo conseguimos hacerlo reír y reírnos nosotros.

   Alquilamos una moto por unos 8 dólares con la que nos dirigimos a las dunas. Hace mucho calor y pasaremos el día como mismísimos beduinos caminando por la arena ardiendo como en nuestro viaje al Sahara.

A 4 km muy cerca del pueblo están las dunas rojas, al lado de la misma carretera. Imposible perderse solo hay una carretera. Continuando durante unos 20 km en un recorrido muy bonito junto a la costa están las dunas blancas, más grandes, donde puedes alquilar un quad por 10 $ los 20 minutos para darse una vuelta algo caro y que no  hicimos.  Yo subí andando hasta lo alto donde un enorme grupo de coreanas disfrutaban subidos en sus todo terreno alquilados. Los alrededores están flanqueados por una bonita laguna. A la vuelta nos vuelven a engañar en la gasolinera, hacen como que te echan, te cobran el importe anterior y solo te das cuenta despees de haberte ido que no sube la aguja del depósito de la moto. Desafortunadamente nos ocurrió varias veces durante el viaje.

A media hora de Mui Ne se encuentra la estación de tren desde donde al atardecer nos dirigiremos a Na Trang nuestra siguiente parada. Unas tres horas de viaje por inmensos campos de fruta del dragón y disfrutando despacio de las vistas y sobre todo del atardecer.

Crea tu camino, paso a paso. La vida se crea a la velocidad del caminar. En mi experiencia, correr demasiado es perderse partes del viaje, vivir en la artificialidad o en la superficiliadidad y quemar etapas que finalmente son indispensables. En mi humilde opinión la Felicidad es inversamente proporcional a la aceleración. Paso a paso. Contemplación. Consciencia. Buena y profunda respiración y el mundo en el corazón.

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Saigón

El viaje en barco por el Mekong desde Phnom Pen hasta la frontera con Vietnam es una experiencia única para poder vivir de primera mano la riqueza que aporta este inmenso rio a los pueblos por los que atraviesa desde su nacimiento en China  hasta su desembocadura en el delta vietnamita. Después de pasar por el pequeño puesto de control aduanero en el propio rio nos iremos acercando a Chuc Dong, nuestro destino  en Vietnam. Ya es de noche y es increíble como estos expertos marineros pueden orientarse en la oscuridad tan solo utilizando en ocasiones una linterna para ver y ser vistos.

 

Desde el pueblo de Chuc Long y después de cenar una exquisita sopa con noodles nos dirigimos en uno de los habituales “sleeping bus” hacia la ciudad de Saigon donde esperamos llegar a su bahía para el crepúsculo. Conforme estoy llegando me viene a la memoria las historias que leí sobre los primeros españoles que llegaron a esta hermoso lugar:

En 1859 un puñado de bravos hombres españoles al mando del Coronel Palanca estuvieron luchando aquí en la bahía de Saigón en una guerra baldía para los intereses de España y a la que ayudaron a ganar realizando gestas épicas y de las que sólo sus aliados franceses fueron capaces de reconocerles el mérito. Esta fue la guerra de la ConchinChina una expresión que aún hoy en España se usa para hablar de un lugar exótico y remoto. Ese lugar es hoy una moderna, cuidada, limpia y preciosa ciudad que nos ha dejado impresionados y sorprendidos en este viaje.

Aquella guerra de hace 150 años que hablo es un episodio poco conocido de nuestra historia de España. Francia, aliada entones de España, le propuso hacer una expedición conjunto de escarmiento por la muerte de un obispo misionero español en la bahía de Danang muy cerca de esta ciudad. En realidad el plan que tenían los franceses era establecerse en la zona formando colonias, como luego hicieron, igual que los españoles tenían en Filipinas. Lo demás es historia, Francia anexiono poco a poco años más tarde estos territorios en lo que se conoció como la Indochina francesa, Laos, Camboya y Vietnam, y que mantuvieron en gobierno hasta 1975 durante la llamada guerra de Vietnam, o guerra americana como aquí se llama.

Quién sabe que hubiera pasado si estos territorios también hubieran sido ocupados por La Corona de España. Pero aquella época del siglo XIX representaba ya la decadencia del gran imperio español y en Madrid poco o nada interesaba conquistar y mantener territorios cuando estaban tan ocupados en luchas internas y conservar las últimas colonias que nos quedaban.

Saigon o ciudad Ho Chi Ming es una hermosa urbe que crece a un ritmo frenético tanto demográficamente como económicamente. De la antigua ciudad colonial francesa quedan hoy muchos edificios preciosos como el de Correos, el precioso edificio del Ayuntamiento, el palacio de la Opera, el hotel Majestic o la catedral de Notre Dame, una réplica de la de Paris para la que trajeron las piedras desde Francia. El Palacio de la reunificación es un bello edificio que representa la paz y la union que llego después de la terrible y cruel guerra americana, en occidente conocida como guerra de Vietnam.

Empezamos nuestro recorrido a pie por la ciudad precisamente en este palacio y después de desayunar uno de los bocadillos típicos llamado ¨banmi” rellenos de carne. Pronto vamos a comprobar porque se conoce esta como la capital mundial de las motocicletas. Hay que hacer un acto de fe y decisión para cruzar las calles y confiar en el poder de tu mano para hacerte ver y esperar que te respeten al cruzar pero te aseguro que lo hacen. Es increíble ver como pueden organizarse 7 millones de motos en una ciudad al tiempo que comparten la calzada con otros transportes, coches, tuk tuk, camionetas y por supuesto peatones. Te recomiendo vivas la experiencia y te subas en una mototaxi y que te lleven por esta marea de vehículos por la ciudad, adrenalina pura.

Una de las visitas mas impactantes fue la del Museo de la Revolución, allí puedes ver en la entrada aviones y tanques originales de la guerra americana. Dentro y en un edificio de tres plantas podrás ver con mucha sensibilidad los efectos de los horrores de aquella guerra con fotos, objetos y relatos que te dejarán impresionado.

La ciudad esta dividida en distritos, en el numero 1 se encuentra desde Ayuntamiento la larga y preciosa avenida peatonal Nguyen Hue, con tiendas, restaurantes e inmensos espacios verdes para disfrute de los ciudadanos. En el skyline de este distrito financiero destaca el edifico Times Square una réplica del de NY y sobre todo el Sky Deck una de las plataformas mas altas de la ciudad y que vale mucho la pena subir para disfrutar de vistas espectaculares de toda la ciudad sobre todo al anochecer.

Elegimos para cenar un restaurante donde los camareros son sordomudos, una iniciativa de gente local para integrar a personas con muchas secuelas hereditarias de la guerra y asi pudimos vivir una bonita experiencia pidiendo la carta en lenguaje para sordos y riéndonos mucho. Y para desayunar os recomiendo la franquicia “Touts les Jours” deliciosos croissant de cereales y chocolate entre otras delicattesen.

Esta ciudad nos ha dejado enamorados, sus gentes y sus bellos edificios. A pesar de su crecimiento te da la impresión de seguir siendo muy pequeña y fácil de moverte por ella. Limpia y muy bien cuidada esta ciudad esta llamada a ser la capital de la Indochina del futuro. Con mucha pena hemos de dejarla y lo hacemos en el transporte que hemos elegido para recorrer este país de Sur a Norte, el tren. En unas 5 horas un tren nos llevará desde la estación central de Saigon hasta el precioso pueblo de Mui Ne en la costa del mar de China. Un viaje emocionante.

Ahora y mientras escribo estas lineas siento que echo de menos las sensaciones tan vibrantes que tuve en ese viaje en tren y sobre todo echo de menos a mi compañera de viaje y las sensaciones que sentía dentro de mi cuando estaba con ella. Sin embargo, cierro los ojos, respiro y puedo visualizar ese momento y así esa sensación que echaba de menos creo que esta floreciendo ahora adentro de mi. Creo y espero seguir verificándolo ya que todo tiene que ver conmigo mismo. Que si me tengo a mi mismo nunca estaré solo.

Amarse a uno mismo es el comienzo de un romance que dura toda la vida”. Oscar Wilde.

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Phnom Pen

El trayecto en autobús local de Battambang a la capital de Camboya nos va a llevar algo más de 6 horas y eso que son unos 260 kilómetros. Somos los únicos turistas y como ya estamos bien acostumbrados nos ponemos cómodos para disfrutar del recorrido y de las numerosas paradas en puestos de carretera.

Llegamos a la estación central de autobuses sobre las ocho y, como es habitual y siendo los únicos turistas, nos abordan los conductores de tuk tuk que apenas nos dejan sirio para coger nuestras mochilas del maletero. Decidimos ir andando ya que está muy cerca según nuestro localizador y efectivamente llegaremos en unos diez minutos andando por las calles del centro de la ciudad al Panda Hotel un sencillo y barato alojamiento pero muy bien situado junto al famoso Central Market.

Salimos a cenar algo y elegimos la animada zona del Night Market que está a pocas manzanas del hotel y junto a la ribera Del Río Tonle Sap. El amable chico de recepcion nos advierte del riesgo de los carteristas que hay por la zonas turística y también nos indica los precios del transporte para llegar hasta ella. Aún así nos van a engañar varias veces durante nuestra estancia.

Tenemos todo el Sábado por delante para visitar la ciudad. Lo primero es sacar los billetes para mañana en barco hacia Chauc Don nuestra siguiente parada, una pequeña ciudad junto al río Mekong a la que llegaremos navegando y por la que entraremos en Vietnam.

Hemos negociado un tour en tuk tuk por 15 dólares y nuestra primera parada será el templo Wat Phnom, que da nombre a la ciudad. Unas escalinatas te llevan a este bonito templo que se alza en medio de la ciudad.

Nuestra siguiente parada es el Tuol Sleng Genocide Museum. El recinto fue una antigua escuela de secundaria y se convirtió en la presión de seguridad S21 durante el régimen de los jemeres rojos entre 1975 y 1979. Aunque no se sabe a ciencia cierta se cree que más de 20.000 fueron torturadas y asesinadas en este lugar a las órdenes del Duch uno de los lugartenientes del dictador Pol Pot. Esta gente, por llamarlos de alguna manera, impusieron un terrorífico sistema maoísta de campos de exterminio y de trabajo que diezmó a su propio pueblo. Se calcula que murieron más de trés millones de personas durante este régimen, casi la cuarta parte de la población, entre muertos de hambre y asesinatos cometidos por el Lankar, el partido jemer.

En esta carcel se pueden ver las atrocidades cometidas y se conserva prácticamente tal como se la encontró el ejército vietnamita cuando entro a liberar la ciudad en 1979. Los últimos asesinatos que cometieron estos verdugos se hicieron justo antes abandonar el lugar ante la llegada del ejército libertador y son las 14 tumbas blancas que puedes ver a la entrada. Es sobrecogedor el recorrido por los edificios y horrososo el trato que debieron darle a estos pobres inocentes y que puede verse en las distintas estancias que se conservan intactas. Los pocos que pudieron sobrevivir era porque eran útiles al régimen como pintores y escultores que se ocupaban de realizar las imágenes de propaganda que los jemeres necesitaban. Uno de ellos fue el pintor Vannat. Este hombre tuvo el coraje de representar, años más tarde de su liberación, las torturas en pinturas que puedes ver aquí expuestas que aquí se cometieron.

La carcel de seguridad S21 se utilizaba para conseguir, a través de torturas, las confesiones de los prisioneros. Una vez conseguido su propósito, el Duch firmaba sus sentencias de muerte. Eran trasladados en camiones a las afueras de la ciudad a un lugar llamado Choeung Ek donde eran ejecutados con cualquier objeto contundente para no “malgastar” municion. Hoy es una zona verde en la que las fosas donde se encuentran los cadaveres están acordonadas ya que casi a diario salen a la superficie restos óseos que los funcionarios se encargan de recoger.

Debió ser muy difícil para estos habitantes de la antigua Kampuchea superar esta tragedia. Años después se estableció el régimen monarquico y poco a poco los camboyanos van olvidando este oscuro pasado. El palacio real es un lugar abierto de visita y acogida donde se puede compartir con gentes de todo el mundo el presente y el futuro de este bello país.

Te recomiendo visites el monumento de la Independencia que es una estupa parecida a las de Angkor y luego pares a almorzar en alguno de los animados puestos que hay alrededor del mercado central donde también puedes comprar casi cualquier cosa y por supuesto algún souvenir. También vale mucho la pena cenar algunos de los exquisitos platos camboyanos en el Night Market, aunque yo casi siempre elijo pescado fresco del Mekong que me tiene enganchado.

Nos marcharemos de Phnom Pen por el río Mekong que nos llevará hasta Chau Doc ya en la frontera con Vietnam. Esta quizá sea la más original y mejor manera de cruzar estos dos países. Atrás dejaremos una ciudad muy multitudinaria y ruidosa que trata de olvidar ese oscuro pasado del régimen jemer por lo que habremos de seguir siendo comprensivos con el carácter de sus gentes y así poder ayudarles a olvidar ese oscuro y reciente pasado.

Como mi pequeño homenaje voy a escribir traducidas dos frases para las amables gentes camboyanas cuya humildad y simpatía me dejaron cautivado.

” La oscuridad no puede nunca conducirte fuera de la oscuridad; solo la Luz puede hacerlo. El odio no puede nunca sacarte del odio; solo el Amor puede hacerlo. Así que si no puedes volar, entonces corre; si no puedes correr, entonces anda; si no puedes andar, entonces gatea; pero hagas lo que hagas, continúa avanzando. Dr. Martin Luther King ”

” Si todo tu odio se pudiera convertir en Electricidad, se podría iluminar todo el trabajo. Nikola Tesla ”

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Battambang

Para llegar a esta ciudad desde Siem Reap, hay que bordear el inmenso lago Tonle Sap de 12.000 kilómetros cuadrados en un viaje por carretera que dura unas 5 o 6 horas. Este trayecto también puede hacerse en barco en unas 8 o 9 horas dependiendo del caudal del rio. El lago está conectado al río Mekong por el afluente que lleva su mismo nombre y que tiene 120 kilómetros de longitud. Aquí se produce un efecto único de corrientes fluviales y es que las caudalosas aguas del rio en la época posterior al monzón fluyen del Mekong en dirección hacia el lago y meses más tarde será el lago quien vaciara sobre el río en dirección opuesta.

La ciudad no es muy grande, tiene muy pocos edificios altos pero si algunos coloniales de la época francesa muy bonitos y bien conservados como la casa del gobernador y el de correos. Nos llama la atención la cantidad de tiendas de venta de motocicletas. Estamos muy acostumbrados a verlas por las carreteras pero aquí es exagerado. Preguntamos y nos dicen que cuestan unos 700 dólares cada scooter y que para ellos conseguir una supone su primer nivel de status social así que todo el mundo quiere la suya.

Te aconsejo que cojas el primer bus de la mañana a las 7 y así llegaras como nosotros a mediodía a Battambang y podrás hacer las actividades ese mismo día y solo tendrás que pasar una noche que es suficiente. Sobre la una y media salimos dirección sur a realizar una de las experiencias más curiosas que hemos hecho en todo el viaje: el tren de bambú. Se trata de una plataforma desmontable con motor que circula por la vía férrea y que se utiliza aquí desde hace más de 30 años. La falta de recursos del país empobrecido después del régimen de Pol Pot, la casi inexistencia de trenes y el mal estado de las carreteras hizo que el ingenio y la necesidad de los camboyanos usarán este medio para desplazarse por aldeas y ciudades conectadas por la vía férrea. El norry como lo llaman los camboyanos es una tabla de bambú se acopla a un par de ejes con ruedas de acero y se propulsa con un motor de lancha de rio o de motocicleta. La principal ventaja de ese tren es la facilidad en montarlo y desmontarlo para dejar paso unos a otros que se vayan encontrando por el camino. El gobierno está decidido a impulsar la línea férrea y los ha prohibido de forma tajante pero en esta zona los más de cien propietarios que llevan ofreciendo este servicio a los turistas por unos 5 dólares se resisten así que si te das prisa podrás vivir la experiencia y disfrutarla tanto como nosotros.

Después y con el tuk tuk que teníamos alquilado nos dirigimos a Wat Phnom Banan que es un templo localizado en una colina y al que se llega por una escalinata indeterminable. Es una de esas visitas que llaman “obligadas” pero que está en ruinas y después de Angkor es muy difícil que te impresione. Para adictos a visitarlo todo…

Por último visitamos antes el atardecer Wat Phnom Sampeau. Este lugar si vale y mucho la pena a pesar de estar muy masificado por los turistas. Si no quiere subir andando hasta lo alto de la colina unos 40 minutos de escaleras y carretera puedes, como hicimos nosotros, pagar unas motocicletas que te suben por las empinadas cuestas hasta la Cueva de los Murciélagos y la Pagoda. Esta cueva se convirtió en tiempos de los jemeres rojos en un centro de eliminación de detenidos, simplemente los despeñaban desde un agujero unos 60 metros. Terrible. Una vez bajas a la cueva puedes ver un santuario con muchos huesos sin identificar en memoria de las miles de victimas.

A la bajada podrás disfrutar de la salida de cientos de miles de murciélagos que justo al atardecer salen hacia los campos de arroz y lagunas a por su comida, fundamentalmente mosquitos y que no volverán a la cueva hasta el amanecer. La estampa de estas bandadas a la luz del atardecer fue otro gran momentazo.

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De vuelta a la ciudad nos espera una apetitosa cena a base de uno de los platos típicos camboyanos, el Lok Lak. Este plato herencia de la colonización francesa lleva carne a medio cocer y se sirve con lechuga, cebolla y papas. También has de probar el Amok, el plato más famoso. Se trata de un curry de pollo o pescado y que lo preparan con leche de coco y normalmente se acompaña con arroz.

Al día siguiente estuvimos haciendo un tour express por toda la ciudad con un tuk tuk que contrastamos y al mediodía cogeriamos otro autobús local que nos llevaría hacia el sur a nuestro próximo destino, la capital Phnom Pen.

Decía con sabiduría Steve Jobs que cada mañana al levantarse y mirarse al espejo se decía que aquel podría ser el último día de su vida y seguro que algún día acertaría.

Y es que no debemos dar por hecho que mañana saldrá el sol. Por el mismo motivo un té quiero no puede ser repetitivo. Ni un gracias está de más ni tampoco un lo siento. Caerse es necesario y levantarse la única opción, no queda otra. No hay que olvidar a los que siempre estuvieron pero hay que aceptar a los que han decidido irse. No hay culpables. Todo ocurre para algo, así que la pregunta no es porqué sino para qué. Cuando aceptamos la neutra realidad dejamos de sufrir. Es tan fácil que es incomprensible saber porque nos cuesta tanto a todos entenderlo y practicarlo. Yo el primero.

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Siem Reap

Igual que dije en la India cuando fuimos a ver el Taj Mahal digo ahora aquí en Camboya. El viaje ya vale la pena en si mismo por visitar los templos de Angkor, una de las Maravillas del mundo antiguo, dicen que a la altura de las pirámides de Egipto aunque allí aún no he estado. Raíces gigantescas que con sus tentáculos atrapan templos enteros. Piedras reverdecidas por el paso del tiempo emergen misteriosamente de la selva. Pirámides que de lejos parecen formas anárquicas y que forman esculturas perfectas sostenidas de forma milagrosa. Es Angkor, la capital real de un antiguo imperio con más de 8 siglos de historia y que casi es desconocido en Occidente.

Cualquier cosa que digas o escribas se queda corto. Este es un lugar que habría que peregrinar al menos una vez en la vida. Y eso que a determinadas horas la oleada de visitantes, sobre todo chinos, puede resultar agobiante. Y aún así nada rompe el encanto de una visita a un lugar único en el mundo.

La primera sorpresa te la llevas fuera del recinto arqueológico. Es Siem Reap, la moderna ciudad crecida en torno a las ruinas y base obligada para visitarlas. Esta ciudad cuando llegas por tierra como fue nuestro caso parece un parque temático, es alucinante la cantidad de hoteles, restaurantes, bares y mercadillos que puedes encontrar. De hecho creo que si vuelas desde alguna capital hasta aquí y no ves nada más de Camboya se podría decir que estas ante un espejismo y nunca conocerías el país y sus costumbres.

Nosotros nos hospedamos en un hostal bastante económico y muy recomendable con piscina, buen servicio y céntrico, el Ima Boutique. En 10 minutos caminando estas el el mercado nocturno y en la popular calle Pub Street donde cientos de turistas se mueven de pub en pub olvidándose del lugar en donde están. Como curiosidad estuvimos en un pub llamado Temple Bar del mismo dueño que el de Dublin en Irlanda y en el que estuve el año pasado. Al día siguiente no madrugamos ya que veníamos muy cansados de nuestro viaje, un día entero desde Si Pan Don en Laos hasta Camboya cruzando la frontera y con algún que otro percance ya que se estropeó el autobús debido a los innumerables baches de la carretera, total un viaje de unas 9 o 10 horas.

Lo primero que has de hacer es ir a las taquillas a comprar el Angkor Pass, un pase que te sirve para uno, dos o tres días según tu tiempo y tu presupuesto. Cada día son 22€ y en mi opinión, salvo que seas muy muy aficionado a la historia, con dos días vas a tener suficiente para verlo todo. Hay dos recorridos el largo y el corto, ves la misma cantidad de templos en ambos pero uno es mucho más amplió el recorrido que has de hacer y aquí las distancias son largas, ten en cuenta que los templos están en un área de 400 kilómetros cuadrados. Te aconsejo empieces por el corto y por supuesto ir primero a Angkor Wat. La visión de sus torres recortadas al pasar el inmenso lago que lo rodea es de esas imágenes que, aunque vista muchas veces en fotos, te va a dejar boquiabierto. Si te es posible ve antes de amanecer y te aseguro que justificara tu viaje solo el hecho de ver esas luces rojas iluminando el templo al amanecer. Después de Angkor Wat irás a ver el conocido popularmente como Jungle Temple y enseguida sabrás porque. Entrarás por la puerta oeste ya que según la mitología Hindu, Vishnu indica que la puerta del templo ha de estar orientada hacia poniente. Me emociono viéndome en el embriagador escenario que recuerdo de mis películas de aventuras, en Busca del Arca Pérdida o Tom Raider. Si las obras del ser humano son grandiosas no son menos las de la naturaleza. Estas ruinas fueron olvidadas durante 500 años y esta zona de la selva quedo a merced de raíces, lianas y matorrales. Un manto verde lo cubrió poco a poco y quizá gracias a eso han estado protegidas de la codicia del ser humano, una amalgama de vegetación y piedra caliza, la mezcla de un sobra de la naturaleza y del hombre tal y como la describió el poeta Pierre Loti en 1901 cuando visto este mágico lugar.

Al llegar las horas centrales del día el calor es sofocante y suerte que nuestro conductor de tuk tuk lleva una caja con agua fresca para calmar nuestra sed. Después veremos Bañon, el templo de las caras sonrientes, luego el de las serpientes y por último el Phnom Bakheng para ver un hermoso atardecer. A la vuelta y de camino a la ciudadanía hay un enorme y precioso estanque donde el público juvenil local se reúne a esas horas para compartir su tiempo en pequeños grupos.

El segundo día es para el recorrido largo pero con sinceridad he de decir que después de ver los mejores el día anterior y además de ser un mucho más largo puede resultar agotador y por eso es conveniente que madruguéis todos los días. Nosotros después de mediodía decidimos ir al lago Tonle Siap, que queda una hora y media de carretera. La mejor opinión no es ir por tu cuenta ya que nos resultó muy caro. Lo ideal es hacer esta excursión desde tu hotel en un todo incluido por unos 18 dólares y así poder ver el atardecer cosa que no pudimos ver nosotros ya que nuestro barco regresaba a un horario fijo. El trayecto en barco pasa por villas sobre el agua en una enorme entrada de agua que viene desde un lago que puede llegar a medir unos 130 kilómetros cuadrados. Aquí vas a poder conocer cómo viven estas gentes que viven en el agua y apenas van a tierra tal como viéramos en el Lago Inle de Myanmar. Una excursión que no debes perderte y que no sea incluido es la visita al Floating Forest, un impresionante bosque dentro del agua que sería mágico si lo navegáramos en el silencio de las canoas de remos y si no fuera porque aquí hay montones de embarcaciones con ruidosas señoras ofreciéndote todo tipo de productos. Si paras a comer en alguno de los restaurante sobre el agua podrás ver los criaderos de caimanes que hay y que por supuesto te ofrecen como plato típico del lugar.

Por la noche decidimos ver un espectáculo musical donde se representaba la cultura jemer y las tradiciones camboyanas en particular de este lugar del campo y del lago. Muy bonito y la verdad es que nos entusiasmo bastante pero fuimos muy prudentes al aplaudir ya que la mayoría del público era chino y ellos no tienen por costumbre manifestar su alegría en público.

Como tenía el pase de tres días el último y co o he dicho antes repetí Angkor Wat al amanecer y visite algunos de los templos que más me gustaron algo más relajado como colofón a ese increíble lugar. De camino a los templos hay muchos puentes con figuras agarrando enormes serpientes y que dejan cautivado así como árboles majestuosos con formas de figuras increíbles como esculpidas junta a las rocas. Nosotros estuvimos moviéndonos en tuk tuk con precios muy económicos unos 16 dólares por un día a tu disposición pero puedes alquilar una moto por unos 9 dólares el día o una bicicleta por 2 pero yo no te recomiendo pegarte palizones de distancias en bicicleta con el calor que hace ni tampoco veo la moto, tienes que tener en cuenta que muchos templos se entra por un lado y se sale por el otro y no es lo mismo que te estén esperando con una botellita de agua fresca a volverte a recoger la moto o la bicicleta donde la dejaste.

Como he dicho antes aquí no vas a ver la Camboya profunda, de hecho todo el mundo te hablara en concepto de dólares, el real que es la moneda local se usa muy poco y has de andar listo porque son expertos vendedores y timadores. Te sugiero no te dejes encandilar por los numerosos niños vendedores que veras, si les preguntas por la mañana te dirán que van a la escuela por la tarde y si lo haces por la tarde te dirán que fueron en la mañana. La verdad es que ninguno quiere ir al colegio, con el dinero que ganan con los turistas cuando no van obligados por los padres. Y tampoco te fíes mucho de los puestos con supuestos excombatientes de la guerra y de las minas antipersona, ya que aunque no dudo que algunos lo sean de verdad, la mayoría según me confirmo gente local, son grupos mafiosos que generan muchos ingresos a base d maltratos.

Acabamos nuestra estancia en la ruidosa ciudad de Siem Reap con una noche “europea” en la Street Pub, escuchando música internacional y tomando unos tragos antes de ir a dormir para al siguiente día madrugar y coger un autobús local que nos llevaría hacia el sur de Camboya a nuestra próxima etapa, Battambang.

Y al final del día y como cada día doy gracias a la vida por haber encaminado mis pasos a este lugar donde he podido ampliar mis conocimientos de otras culturas y de otras gentes. Como decía Gandhi: Vive como si fueras a morir mañana y aprende como si fueras a vivir siempre.

Hay que coexistir con el lugar y la gente para conocer. Hay que conocer para entender. Hay que entender para poder actuar. No dejes que te lo cuenten, vívelo por ti mismo. No te creas nada lo que te digan o no hayas experimentado por ti mismo. No hay nada que te haga más tolerante que viajar. Viajando te das cuenta que todos somos muy parecidos. Que las fronteras las hemos creado nosotros mismos y nuestros prejuicios. Que los adjetivos y etiquetas que ponemos nunca han sido verificadas y casi siempre son mentiras.

Recuerda que, como dice el Zen, lo que das, te lo das; y lo que quitas,te lo quitas.

Cuando contribuyes a la felicidad de otras personas es cuando encuentras el verdadero significado de la vida y entiendes tu existencia.

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Si Pan Don

A la una del mediodía cogimos nuestro autobús hacia la capital del país Vientianne a orillas Del Río Mekong. Llegaríamos al atardecer en un largo y movido viaje por las habituales carreteras de ripio a las que ya estamos muy acostumbrados. Las paradas por los puestos locales delatan mucho el tipo de viajero sobre todo en la manera de aceptar y compartir la comida local y también sus costumbres. Con todo el respeto para todo el mundo, pero a nosotros nos gusta compartir la comida con ellos y dialogar aunque sea con señas y sonrisas en lugar de pasar aislados por estos lugares.

En La capital apenas tuvimos tiempo de visitar Hat Don Chan a orillas del rio pero pudimos disfrutar de un hermoso atardecer. A las 7 ya estábamos de vuelta en la estación central de autobuses donde cogeriamos un sleeping bus hacia nuestra próxima parada Pakse. Este es el principal transporte de larga distancia que hemos estado usando en todo el Sudeste asiático y a la verdad es que no solo te acostumbras sino que te acaba gustando y lo llegaremos a echar de menos. Llegamos a las 7 de la mañana y aquí cogeremos otro transporte que nos llevará en unas dos horas más a la pequeña población de Ban Nakasang una ciudad fronteriza y el puerto de entrada en Si Pan Don, también conocido como 4000 islas o la playa de Laos.

Yo no sé si son 4000 pero hay muchísimas islas e islotes que se forman en una de las partes donde más se ensancha el río Mekong formado un inmenso delta que luego dará paso a fuertes rápidos y cascadas. Este es un destino mochilero por excelencia para pasar relajado en un increíble lugar. Hay tres islas habitadas de las que dos son las más populares para mochileros, Don Det y Don Khon que como además están unidas por un puente puedes visitar las dos donde sea que te alojes. Los tickets puedes comprarlos en el puerto pero te resultará más barato comprarlo incluido junto con el bus que te ha traído en nuestro caso desde Pakse.

Nosotros nos alojamos en Don Khon en un hotelito llamado Sala Done Khone que tiene las habitaciones, más que orillas, dentro del rio, son las rivervillas. Aquí nos quedaremos tres noches pero podrían haber sido muchas más. En este lugar el reloj se ha parado. A las 7 de la tarde ya no hay luz en casi ningún lugar así que es perfecto para disfrutar de la tranquilidad. Alquilamos una motocicleta por unos 5 dólares al día para movernos pero casi todo el mundo pasea en bicicleta ya que es todo llano.

El puente lo construyeron los franceses ya que estas islas eran un paso estratégico para cruzar los rápidos del Mekong en ferrocarril y hoy se usa como paso para vehículos aunque puedes recorrer muchos tramos de vía férrea.

En Don Det se encuentran los alojamientos más baratos para mochileros y en la única y larga calle de la pequeña villa se encuentran restaurantes, hostales, tiendas de comida y pocas cosas más. Dinero es mejor lo traigas antes de llegar a la isla, aquí no hay cajeros, las tarjetas no las aceptan y el cambio de moneda es muy desfavorable. Al norte de esta isla está el Sunset Viewpoint, que como imaginaréis es el lugar perfecto para ver el atardecer tomando una Beerlao o un exquisito zumo de frutas. Si vas desde la otra isla y haces el recorrido alejado del rio disfrutas del campo y veras a los granjeros cultivando el arroz y te regalarán sus mejores sonrisas y un dulce sonido: Sabaidee.

Para cenar os aconsejo en esta misma isla el restaurante Mama Leuah, precioso y nada caro con comida local. Nosotros fuimos justo después de ver el atardecer. Después de cenar, a las 6 y media la hora local, y viendo que amenazaba lluvia, cogimos la moto y nos dirigimos por una “carretera” que más bien era una senda hacia el puente para cruzar hasta nuestra isla y todo totalmente a oscuras. Debes llevar cuidado sobre todo con el suelo resbaladizo para la moto. Nada más llegar a la habitación callo un tremendo chaparrón con cuyo agradable tintineo caímos rendidos a Morfeo.

Que maravilla es amanecer en este lugar, una paz y un silencio solo roto por el ruido de las barcas en el río. Un desayuno en la terraza del hotel a orillas del Mekong y listos para conocer los maravillosos rincones de estas islas. Te aconsejo que aproveches bien el día y las horas de luz. Cuando oscurece, y afortunadamente, ya no hay mucho más que hacer que relajarte en tu alojamiento.

La Luz del día es increíble, de un azul brillante que hacía tiempo no veía. Estuvimos recorriendo la isla por uno e los dos caminos que hay. Imposible perderse y de hacerlo cualquier granjero te indicará amablemente por donde ir; aunque no entienda tu lengua sabe dónde vamos los pocos turistas que pasamos por allí.

Lo más impresionante son las Khone Phapheng Waterfalls, una sucesión de imparables rápidos de agua del rio Mekong que en forma de cataratas van bajando en múltiples afluentes del rio. Impresionante no, lo siguiente.

Si te va el subidon de adrenalina como a mí, puedes practicar algo muy nuevo en este lugar: la zipline, la tirolina que cruza el río de parte a parte en varios tramos. Este lugar poco conocido se llama Somphamit y lo regenta un chico llamado Ongard que hará de guía junto a su ayudante. La experiencia es única, no conozco nada parecido de estas características en ningún otro lugar y no cuesta mucho dinero, unos 55 dólares. Ongard me explica que lleva tan solo un mes abierto y que somos los primeros extranjeros en probarlo, que aún no lo han publicitado. Hasta ahora han subido los monitores y bastante gente local y nosotros tenemos la suerte de poder disfrutarlo con ellos.

Tanto es así que yo repetí al día siguiente y de regalo me llevaron a un tramo nuevo que están montando justo debajo de la catarata más impresionante. Aquí sobran las palabras, has de probarlo por ti mismo para saber lo que se siente.

Río abajo después de los rápidos y hacia el sur de la isla encontraras un pequeño puerto pesquero desde donde podrás cruzar a la isla de enfrente y darte un paseo por Camboya sin necesidad de pasaporte. Como en dos días vamos a visitar este país, preferimos hacer otra actividad más curiosa y también especial y única: ver a los pakha, los delfines autóctonos del rio Mekong, una especie en vías de extinción por las capturas por parte de los pescadores y también por la contaminación de este inmenso rio. Hay que decir que aquí la gente vive del rio pero lo cuida poco, es fácil ver bolsas, latas y toda clase de cosas flotando por la superficie. La concienciación ecológica está aquí a años luz del primer mundo y quizá crean que sus recursos son ilimitados. Aún así he de decir que el pescado está delicioso y yo lo incluyo a diario en mi dieta.

Los interminables atardeceres y la poesía de sus luces y colores es algo que me llevo en mi memoria de este lugar. He tenido la suerte de disfrutarlo y por tanto he de ser agradecido por la fortuna de haberlo vivido. Momentazos que me llevo conmigo y que me confirman que debo seguir enamorándome de la vida.

Frida Kahlo en su lucidez nos regaló frases como esta: Enamórate de la vida, y luego que te quiten lo que quieras.

La vida es un proceso de ganar y perder, de sorpresas agradables y desagradables, de nacer y de morir. En el latido de nuestro corazón nos acompañarán momentos de gozo y alegría, pero también de ausencia, desesperación, soledad y vacío. Por eso con toda la humildad creo que una lección fundamental es aprender a amar lo que tenemos mientras podamos disfrutarlo. La pérdida es inevitable pero también lo es el factor sorpresa que nos puede bendecir en cualquier momento. Abramos el corazón a todo aquello y aquellos momentos que nos sean regalados y aprendamos a decir adiós cuando estos tengan o decidan marcharse.

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Vang Vieng

Ha amanecido en la pequeña ciudad de Vang Vieng y yo estoy escribiendo inspirado por estos bellos paisajes. Un señor se sienta en mi mesa, aparco mi bloc de notas y entablamos conversación. Se llama Boon, tiene 75 años y acaba de llegar a la ciudad con toda su familia. Es laosiano pero ya se considera canadiense puesto que lleva allí viviendo más de cuarenta años. Emigró de un país con muchas dificultades económicas en la década de los setenta y ahora vuelve todos los años para que sus hijos y nietos, que ya han hecho carrera y fortuna, no pierdan las raíces de su pueblo. Su esposa Tum, se esfuerza en insistir lo bello que es este país y no oculta una pasión que quiere trasladar a las nietas que la acompañan. A los hijos tenemos que darles raíces pero también hay que darles alas. Que vuelen y aceptar verlos volar. Eso lo aprendí muy bien de mi padre. Y es que un padre, es capaz de hacer cualquier cosa por sus hijos, menos lo más importante, dejarlos que sean ellos mismos. Nos afanamos en conducir vidas que no nos pertenecen y olvidamos a menudo que educar es simplemente dar ejemplo. Y no digamos de la carga que debe ser para un hijo tener que ser la felicidad de un padre. En fin, a lo que iba…

Debió ser muy duro para este hombre tomar una decisión tan importante y dejarlo todo para empezar una nueva vida tan lejos y tan distinta a la que tenía. Era eso o vivir en un país sumido en la autarquía y en constantes luchas internas entre comunistas y capitalistas. Peleas entre hermanos a fin de cuentas, nada nuevo. Ayer me llegaron noticias de mi país, mi querida España, donde un energúmeno sale en la televisión sonándose los mocos con la bandera nacional. Vaya mi tristeza y mi silencio. Yo aquí sigo tan orgulloso de mi patria, la patria de mis antepasados, por cierto muy querida y valorada en todo el mundo y por todas sus gentes.

Esta ciudad es el destino mochilero por excelencia en Laos. Si vienes de Luang Prabang el autobús te deja, después de 8 horas por una carretera de montaña y en muy mal estado, en una calle polvorienta de película del oeste americano. Pero nada más bajar ya te das cuenta que aquello va a ser muy divertido. Múltiples actividades de naturaleza y sobre todo famoso por el tubing (los aros en forma de donuts para actividades acuáticas), que puedes practicar en las Blue Lagoons que se encuentran a unos 15 kilómetros de la ciudad. Puedes alquilar una bicicleta, una moto o un Buggy para moverte por los caminos de tierra y ripio. No olvides el pañuelo para taparte la boca. Nosotros elegimos la moto que cuesta 6€ el día mientras que un buggy cuesta unos 50€ unas cuatro horas.

Mi consejo es que dediques un día a las lagunas y otro al tubing y la cueva de agua. Las distancias te pueden parecer cortas pero es agotador recorrerlas y luego la actividad que vas a hacer en ellas te van a dejar roto. El perfil de público que vas a ver mayoritariamente es mochileros europeos entre 20 y 30 años y coreanos entre 50 y 80. Si has leído bien. Los coreanos son los que animan la fiesta aquí, más ruidosos que los mediterráneos y no se pierden una diversión acuática o de tirolina. Son la caña. Aquí lo pasas bomba tengas la edad que tengas.

Tham Shang es la pequeña villa donde se encuentra la cueva del elefante y la cueva del agua. La Water Cave es espectacular y si vienes en época seca puedes recorrer casi dos kilómetros de cueva montado en un “tube o donut” y arrastrándote corriente arriba por unas cuerdas atadas en las paredes de la cueva. Nuestro guía nos invitó a apagar todos las luces al final del recorrido y estar un momento en silencio. Simplemente sobrecogedor, no puedo explicarlo con palabras.

La otra zona son las lagunas y la cueva Tham Phou Kam. La entrada es un euro así como los peajes de los puentes y de los miradores. Todo a un euro. En la laguna,que por cierto, es mucho más pequeña de lo que te puedas imaginar, la gente se divierte lanzándose al agua con la cuerda atada a los árboles o lanzándose en largas tirolinas desde los arboles. Una senda empinada te lleva hasta la inmensa cueva. Procura llevar una linterna frontal para las zonas más oscuras y también llevar buen calzado y mucho cuidado en las zonas resbaladizas. Un buda reclinado preside la impresionante cueva.

Pero para un amante de los atardeceres, lo mejor son los miradores que hay en el camino y que se pueden ver en lo alto de las puntiagudas montañas. Hay varios y están muy bien indicados. Serán de cuarenta minutos a una hora de duro y empinado esfuerzo pero que te valdrá la pena y estoy seguro que luego no querrás bajarte de tan bello lugar. El más espectacular es Pha Ngern View Point donde te sorprenderás al encontrar un puesto de refrescos en la cima. Recomendable llevar linterna frontal para la bajada si es como yo decides ver el atardecer. La bajada es una hora por zona frondosa de selva y casi sin visibilidad al caer la tarde y aunque La Luz del móvil es útil, necesitas las dos manos para apoyarte en la empinada bajada.

Para cruzar al otro lado del rio Nam Song es preciso hacerlo a través de unos puentes tibetanos de suelo de madera y que se comparte por peatones, motos y coches. Muy divertido. Nosotros los cruzamos un montón de veces, al principio da algo de miedo pero te acostumbras.

Otra experiencia que vale la pena y no es muy cara con respecto a otros lugares ( en Bagan nos pedían 380 dólares por persona ) es ver atardecer en globo. Cuesta unos 90 dólares y te suben a unos 700 metros de altura para disfrutar de unas impresionantes vistas de todo el valle y del atardecer con las montañas del fondo. Imposible aburrirse en esta ciudad.

Como nuestro restaurante favorito os dejo el Happy Mango Thai, excelente comida fresca y también trató y atención. La cocina es thai y laosiana y es muy pequeño así que te aconsejo reserves o tengas la paciencia oriental que nosotros ya estamos adquiriendo. Por supuesto no dejes de pedir una cerveza beerlao bien fría o si no quieres alcohol cualquiera de sus deliciosos jugos naturales, de mango, de aguacate o de fruta de la pasión y del dragón.

Como en todas las ciudades asiáticas por la noche tienes la visita obligada al Night Market, un lugar donde saborear la street food de pie o en pequeñas sillas infantiles que aquí parecen ser algo habitual, ocupan poco espacio y la gente local suele ser pequeñita. Y por supuesto también cientos de puestos de ropa, souvenirs y muchas más cosas que hace las delicias de las mujeres. Hay que tenerlas contentas.

Antes de marcharnos y con cuatro horas de espera para nuestro bus a Vientiane, no pude resistir la tentación de llevar un buggy por los alrededores de esta ciudad en la que tan bien nos lo habíamos pasado. Un lugar divertido, barato, bonito y con unos alrededores espectaculares y lleno, muy lleno de vida.

No, ya no necesitamos dormir más. Son nuestras almas las que están cansadas y no nuestros cuerpos. Necesitamos naturaleza. Necesitamos magia. Necesitamos aventura. Necesitamos libertad. Necesitamos calma. Necesitamos ser auténticos. No necesitamos dormir más. Necesitamos despertar, levantarnos y vivir.

Memento mori.

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