Battambang

Para llegar a esta ciudad desde Siem Reap, hay que bordear el inmenso lago Tonle Sap de 12.000 kilómetros cuadrados en un viaje por carretera que dura unas 5 o 6 horas. Este trayecto también puede hacerse en barco en unas 8 o 9 horas dependiendo del caudal del rio. El lago está conectado al río Mekong por el afluente que lleva su mismo nombre y que tiene 120 kilómetros de longitud. Aquí se produce un efecto único de corrientes fluviales y es que las caudalosas aguas del rio en la época posterior al monzón fluyen del Mekong en dirección hacia el lago y meses más tarde será el lago quien vaciara sobre el río en dirección opuesta.

La ciudad no es muy grande, tiene muy pocos edificios altos pero si algunos coloniales de la época francesa muy bonitos y bien conservados como la casa del gobernador y el de correos. Nos llama la atención la cantidad de tiendas de venta de motocicletas. Estamos muy acostumbrados a verlas por las carreteras pero aquí es exagerado. Preguntamos y nos dicen que cuestan unos 700 dólares cada scooter y que para ellos conseguir una supone su primer nivel de status social así que todo el mundo quiere la suya.

Te aconsejo que cojas el primer bus de la mañana a las 7 y así llegaras como nosotros a mediodía a Battambang y podrás hacer las actividades ese mismo día y solo tendrás que pasar una noche que es suficiente. Sobre la una y media salimos dirección sur a realizar una de las experiencias más curiosas que hemos hecho en todo el viaje: el tren de bambú. Se trata de una plataforma desmontable con motor que circula por la vía férrea y que se utiliza aquí desde hace más de 30 años. La falta de recursos del país empobrecido después del régimen de Pol Pot, la casi inexistencia de trenes y el mal estado de las carreteras hizo que el ingenio y la necesidad de los camboyanos usarán este medio para desplazarse por aldeas y ciudades conectadas por la vía férrea. El norry como lo llaman los camboyanos es una tabla de bambú se acopla a un par de ejes con ruedas de acero y se propulsa con un motor de lancha de rio o de motocicleta. La principal ventaja de ese tren es la facilidad en montarlo y desmontarlo para dejar paso unos a otros que se vayan encontrando por el camino. El gobierno está decidido a impulsar la línea férrea y los ha prohibido de forma tajante pero en esta zona los más de cien propietarios que llevan ofreciendo este servicio a los turistas por unos 5 dólares se resisten así que si te das prisa podrás vivir la experiencia y disfrutarla tanto como nosotros.

Después y con el tuk tuk que teníamos alquilado nos dirigimos a Wat Phnom Banan que es un templo localizado en una colina y al que se llega por una escalinata indeterminable. Es una de esas visitas que llaman “obligadas” pero que está en ruinas y después de Angkor es muy difícil que te impresione. Para adictos a visitarlo todo…

Por último visitamos antes el atardecer Wat Phnom Sampeau. Este lugar si vale y mucho la pena a pesar de estar muy masificado por los turistas. Si no quiere subir andando hasta lo alto de la colina unos 40 minutos de escaleras y carretera puedes, como hicimos nosotros, pagar unas motocicletas que te suben por las empinadas cuestas hasta la Cueva de los Murciélagos y la Pagoda. Esta cueva se convirtió en tiempos de los jemeres rojos en un centro de eliminación de detenidos, simplemente los despeñaban desde un agujero unos 60 metros. Terrible. Una vez bajas a la cueva puedes ver un santuario con muchos huesos sin identificar en memoria de las miles de victimas.

A la bajada podrás disfrutar de la salida de cientos de miles de murciélagos que justo al atardecer salen hacia los campos de arroz y lagunas a por su comida, fundamentalmente mosquitos y que no volverán a la cueva hasta el amanecer. La estampa de estas bandadas a la luz del atardecer fue otro gran momentazo.

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De vuelta a la ciudad nos espera una apetitosa cena a base de uno de los platos típicos camboyanos, el Lok Lak. Este plato herencia de la colonización francesa lleva carne a medio cocer y se sirve con lechuga, cebolla y papas. También has de probar el Amok, el plato más famoso. Se trata de un curry de pollo o pescado y que lo preparan con leche de coco y normalmente se acompaña con arroz.

Al día siguiente estuvimos haciendo un tour express por toda la ciudad con un tuk tuk que contrastamos y al mediodía cogeriamos otro autobús local que nos llevaría hacia el sur a nuestro próximo destino, la capital Phnom Pen.

Decía con sabiduría Steve Jobs que cada mañana al levantarse y mirarse al espejo se decía que aquel podría ser el último día de su vida y seguro que algún día acertaría.

Y es que no debemos dar por hecho que mañana saldrá el sol. Por el mismo motivo un té quiero no puede ser repetitivo. Ni un gracias está de más ni tampoco un lo siento. Caerse es necesario y levantarse la única opción, no queda otra. No hay que olvidar a los que siempre estuvieron pero hay que aceptar a los que han decidido irse. No hay culpables. Todo ocurre para algo, así que la pregunta no es porqué sino para qué. Cuando aceptamos la neutra realidad dejamos de sufrir. Es tan fácil que es incomprensible saber porque nos cuesta tanto a todos entenderlo y practicarlo. Yo el primero.

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Siem Reap

Igual que dije en la India cuando fuimos a ver el Taj Mahal digo ahora aquí en Camboya. El viaje ya vale la pena en si mismo por visitar los templos de Angkor, una de las Maravillas del mundo antiguo, dicen que a la altura de las pirámides de Egipto aunque allí aún no he estado. Raíces gigantescas que con sus tentáculos atrapan templos enteros. Piedras reverdecidas por el paso del tiempo emergen misteriosamente de la selva. Pirámides que de lejos parecen formas anárquicas y que forman esculturas perfectas sostenidas de forma milagrosa. Es Angkor, la capital real de un antiguo imperio con más de 8 siglos de historia y que casi es desconocido en Occidente.

Cualquier cosa que digas o escribas se queda corto. Este es un lugar que habría que peregrinar al menos una vez en la vida. Y eso que a determinadas horas la oleada de visitantes, sobre todo chinos, puede resultar agobiante. Y aún así nada rompe el encanto de una visita a un lugar único en el mundo.

La primera sorpresa te la llevas fuera del recinto arqueológico. Es Siem Reap, la moderna ciudad crecida en torno a las ruinas y base obligada para visitarlas. Esta ciudad cuando llegas por tierra como fue nuestro caso parece un parque temático, es alucinante la cantidad de hoteles, restaurantes, bares y mercadillos que puedes encontrar. De hecho creo que si vuelas desde alguna capital hasta aquí y no ves nada más de Camboya se podría decir que estas ante un espejismo y nunca conocerías el país y sus costumbres.

Nosotros nos hospedamos en un hostal bastante económico y muy recomendable con piscina, buen servicio y céntrico, el Ima Boutique. En 10 minutos caminando estas el el mercado nocturno y en la popular calle Pub Street donde cientos de turistas se mueven de pub en pub olvidándose del lugar en donde están. Como curiosidad estuvimos en un pub llamado Temple Bar del mismo dueño que el de Dublin en Irlanda y en el que estuve el año pasado. Al día siguiente no madrugamos ya que veníamos muy cansados de nuestro viaje, un día entero desde Si Pan Don en Laos hasta Camboya cruzando la frontera y con algún que otro percance ya que se estropeó el autobús debido a los innumerables baches de la carretera, total un viaje de unas 9 o 10 horas.

Lo primero que has de hacer es ir a las taquillas a comprar el Angkor Pass, un pase que te sirve para uno, dos o tres días según tu tiempo y tu presupuesto. Cada día son 22€ y en mi opinión, salvo que seas muy muy aficionado a la historia, con dos días vas a tener suficiente para verlo todo. Hay dos recorridos el largo y el corto, ves la misma cantidad de templos en ambos pero uno es mucho más amplió el recorrido que has de hacer y aquí las distancias son largas, ten en cuenta que los templos están en un área de 400 kilómetros cuadrados. Te aconsejo empieces por el corto y por supuesto ir primero a Angkor Wat. La visión de sus torres recortadas al pasar el inmenso lago que lo rodea es de esas imágenes que, aunque vista muchas veces en fotos, te va a dejar boquiabierto. Si te es posible ve antes de amanecer y te aseguro que justificara tu viaje solo el hecho de ver esas luces rojas iluminando el templo al amanecer. Después de Angkor Wat irás a ver el conocido popularmente como Jungle Temple y enseguida sabrás porque. Entrarás por la puerta oeste ya que según la mitología Hindu, Vishnu indica que la puerta del templo ha de estar orientada hacia poniente. Me emociono viéndome en el embriagador escenario que recuerdo de mis películas de aventuras, en Busca del Arca Pérdida o Tom Raider. Si las obras del ser humano son grandiosas no son menos las de la naturaleza. Estas ruinas fueron olvidadas durante 500 años y esta zona de la selva quedo a merced de raíces, lianas y matorrales. Un manto verde lo cubrió poco a poco y quizá gracias a eso han estado protegidas de la codicia del ser humano, una amalgama de vegetación y piedra caliza, la mezcla de un sobra de la naturaleza y del hombre tal y como la describió el poeta Pierre Loti en 1901 cuando visto este mágico lugar.

Al llegar las horas centrales del día el calor es sofocante y suerte que nuestro conductor de tuk tuk lleva una caja con agua fresca para calmar nuestra sed. Después veremos Bañon, el templo de las caras sonrientes, luego el de las serpientes y por último el Phnom Bakheng para ver un hermoso atardecer. A la vuelta y de camino a la ciudadanía hay un enorme y precioso estanque donde el público juvenil local se reúne a esas horas para compartir su tiempo en pequeños grupos.

El segundo día es para el recorrido largo pero con sinceridad he de decir que después de ver los mejores el día anterior y además de ser un mucho más largo puede resultar agotador y por eso es conveniente que madruguéis todos los días. Nosotros después de mediodía decidimos ir al lago Tonle Siap, que queda una hora y media de carretera. La mejor opinión no es ir por tu cuenta ya que nos resultó muy caro. Lo ideal es hacer esta excursión desde tu hotel en un todo incluido por unos 18 dólares y así poder ver el atardecer cosa que no pudimos ver nosotros ya que nuestro barco regresaba a un horario fijo. El trayecto en barco pasa por villas sobre el agua en una enorme entrada de agua que viene desde un lago que puede llegar a medir unos 130 kilómetros cuadrados. Aquí vas a poder conocer cómo viven estas gentes que viven en el agua y apenas van a tierra tal como viéramos en el Lago Inle de Myanmar. Una excursión que no debes perderte y que no sea incluido es la visita al Floating Forest, un impresionante bosque dentro del agua que sería mágico si lo navegáramos en el silencio de las canoas de remos y si no fuera porque aquí hay montones de embarcaciones con ruidosas señoras ofreciéndote todo tipo de productos. Si paras a comer en alguno de los restaurante sobre el agua podrás ver los criaderos de caimanes que hay y que por supuesto te ofrecen como plato típico del lugar.

Por la noche decidimos ver un espectáculo musical donde se representaba la cultura jemer y las tradiciones camboyanas en particular de este lugar del campo y del lago. Muy bonito y la verdad es que nos entusiasmo bastante pero fuimos muy prudentes al aplaudir ya que la mayoría del público era chino y ellos no tienen por costumbre manifestar su alegría en público.

Como tenía el pase de tres días el último y co o he dicho antes repetí Angkor Wat al amanecer y visite algunos de los templos que más me gustaron algo más relajado como colofón a ese increíble lugar. De camino a los templos hay muchos puentes con figuras agarrando enormes serpientes y que dejan cautivado así como árboles majestuosos con formas de figuras increíbles como esculpidas junta a las rocas. Nosotros estuvimos moviéndonos en tuk tuk con precios muy económicos unos 16 dólares por un día a tu disposición pero puedes alquilar una moto por unos 9 dólares el día o una bicicleta por 2 pero yo no te recomiendo pegarte palizones de distancias en bicicleta con el calor que hace ni tampoco veo la moto, tienes que tener en cuenta que muchos templos se entra por un lado y se sale por el otro y no es lo mismo que te estén esperando con una botellita de agua fresca a volverte a recoger la moto o la bicicleta donde la dejaste.

Como he dicho antes aquí no vas a ver la Camboya profunda, de hecho todo el mundo te hablara en concepto de dólares, el real que es la moneda local se usa muy poco y has de andar listo porque son expertos vendedores y timadores. Te sugiero no te dejes encandilar por los numerosos niños vendedores que veras, si les preguntas por la mañana te dirán que van a la escuela por la tarde y si lo haces por la tarde te dirán que fueron en la mañana. La verdad es que ninguno quiere ir al colegio, con el dinero que ganan con los turistas cuando no van obligados por los padres. Y tampoco te fíes mucho de los puestos con supuestos excombatientes de la guerra y de las minas antipersona, ya que aunque no dudo que algunos lo sean de verdad, la mayoría según me confirmo gente local, son grupos mafiosos que generan muchos ingresos a base d maltratos.

Acabamos nuestra estancia en la ruidosa ciudad de Siem Reap con una noche “europea” en la Street Pub, escuchando música internacional y tomando unos tragos antes de ir a dormir para al siguiente día madrugar y coger un autobús local que nos llevaría hacia el sur de Camboya a nuestra próxima etapa, Battambang.

Y al final del día y como cada día doy gracias a la vida por haber encaminado mis pasos a este lugar donde he podido ampliar mis conocimientos de otras culturas y de otras gentes. Como decía Gandhi: Vive como si fueras a morir mañana y aprende como si fueras a vivir siempre.

Hay que coexistir con el lugar y la gente para conocer. Hay que conocer para entender. Hay que entender para poder actuar. No dejes que te lo cuenten, vívelo por ti mismo. No te creas nada lo que te digan o no hayas experimentado por ti mismo. No hay nada que te haga más tolerante que viajar. Viajando te das cuenta que todos somos muy parecidos. Que las fronteras las hemos creado nosotros mismos y nuestros prejuicios. Que los adjetivos y etiquetas que ponemos nunca han sido verificadas y casi siempre son mentiras.

Recuerda que, como dice el Zen, lo que das, te lo das; y lo que quitas,te lo quitas.

Cuando contribuyes a la felicidad de otras personas es cuando encuentras el verdadero significado de la vida y entiendes tu existencia.

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Si Pan Don

A la una del mediodía cogimos nuestro autobús hacia la capital del país Vientianne a orillas Del Río Mekong. Llegaríamos al atardecer en un largo y movido viaje por las habituales carreteras de ripio a las que ya estamos muy acostumbrados. Las paradas por los puestos locales delatan mucho el tipo de viajero sobre todo en la manera de aceptar y compartir la comida local y también sus costumbres. Con todo el respeto para todo el mundo, pero a nosotros nos gusta compartir la comida con ellos y dialogar aunque sea con señas y sonrisas en lugar de pasar aislados por estos lugares.

En La capital apenas tuvimos tiempo de visitar Hat Don Chan a orillas del rio pero pudimos disfrutar de un hermoso atardecer. A las 7 ya estábamos de vuelta en la estación central de autobuses donde cogeriamos un sleeping bus hacia nuestra próxima parada Pakse. Este es el principal transporte de larga distancia que hemos estado usando en todo el Sudeste asiático y a la verdad es que no solo te acostumbras sino que te acaba gustando y lo llegaremos a echar de menos. Llegamos a las 7 de la mañana y aquí cogeremos otro transporte que nos llevará en unas dos horas más a la pequeña población de Ban Nakasang una ciudad fronteriza y el puerto de entrada en Si Pan Don, también conocido como 4000 islas o la playa de Laos.

Yo no sé si son 4000 pero hay muchísimas islas e islotes que se forman en una de las partes donde más se ensancha el río Mekong formado un inmenso delta que luego dará paso a fuertes rápidos y cascadas. Este es un destino mochilero por excelencia para pasar relajado en un increíble lugar. Hay tres islas habitadas de las que dos son las más populares para mochileros, Don Det y Don Khon que como además están unidas por un puente puedes visitar las dos donde sea que te alojes. Los tickets puedes comprarlos en el puerto pero te resultará más barato comprarlo incluido junto con el bus que te ha traído en nuestro caso desde Pakse.

Nosotros nos alojamos en Don Khon en un hotelito llamado Sala Done Khone que tiene las habitaciones, más que orillas, dentro del rio, son las rivervillas. Aquí nos quedaremos tres noches pero podrían haber sido muchas más. En este lugar el reloj se ha parado. A las 7 de la tarde ya no hay luz en casi ningún lugar así que es perfecto para disfrutar de la tranquilidad. Alquilamos una motocicleta por unos 5 dólares al día para movernos pero casi todo el mundo pasea en bicicleta ya que es todo llano.

El puente lo construyeron los franceses ya que estas islas eran un paso estratégico para cruzar los rápidos del Mekong en ferrocarril y hoy se usa como paso para vehículos aunque puedes recorrer muchos tramos de vía férrea.

En Don Det se encuentran los alojamientos más baratos para mochileros y en la única y larga calle de la pequeña villa se encuentran restaurantes, hostales, tiendas de comida y pocas cosas más. Dinero es mejor lo traigas antes de llegar a la isla, aquí no hay cajeros, las tarjetas no las aceptan y el cambio de moneda es muy desfavorable. Al norte de esta isla está el Sunset Viewpoint, que como imaginaréis es el lugar perfecto para ver el atardecer tomando una Beerlao o un exquisito zumo de frutas. Si vas desde la otra isla y haces el recorrido alejado del rio disfrutas del campo y veras a los granjeros cultivando el arroz y te regalarán sus mejores sonrisas y un dulce sonido: Sabaidee.

Para cenar os aconsejo en esta misma isla el restaurante Mama Leuah, precioso y nada caro con comida local. Nosotros fuimos justo después de ver el atardecer. Después de cenar, a las 6 y media la hora local, y viendo que amenazaba lluvia, cogimos la moto y nos dirigimos por una “carretera” que más bien era una senda hacia el puente para cruzar hasta nuestra isla y todo totalmente a oscuras. Debes llevar cuidado sobre todo con el suelo resbaladizo para la moto. Nada más llegar a la habitación callo un tremendo chaparrón con cuyo agradable tintineo caímos rendidos a Morfeo.

Que maravilla es amanecer en este lugar, una paz y un silencio solo roto por el ruido de las barcas en el río. Un desayuno en la terraza del hotel a orillas del Mekong y listos para conocer los maravillosos rincones de estas islas. Te aconsejo que aproveches bien el día y las horas de luz. Cuando oscurece, y afortunadamente, ya no hay mucho más que hacer que relajarte en tu alojamiento.

La Luz del día es increíble, de un azul brillante que hacía tiempo no veía. Estuvimos recorriendo la isla por uno e los dos caminos que hay. Imposible perderse y de hacerlo cualquier granjero te indicará amablemente por donde ir; aunque no entienda tu lengua sabe dónde vamos los pocos turistas que pasamos por allí.

Lo más impresionante son las Khone Phapheng Waterfalls, una sucesión de imparables rápidos de agua del rio Mekong que en forma de cataratas van bajando en múltiples afluentes del rio. Impresionante no, lo siguiente.

Si te va el subidon de adrenalina como a mí, puedes practicar algo muy nuevo en este lugar: la zipline, la tirolina que cruza el río de parte a parte en varios tramos. Este lugar poco conocido se llama Somphamit y lo regenta un chico llamado Ongard que hará de guía junto a su ayudante. La experiencia es única, no conozco nada parecido de estas características en ningún otro lugar y no cuesta mucho dinero, unos 55 dólares. Ongard me explica que lleva tan solo un mes abierto y que somos los primeros extranjeros en probarlo, que aún no lo han publicitado. Hasta ahora han subido los monitores y bastante gente local y nosotros tenemos la suerte de poder disfrutarlo con ellos.

Tanto es así que yo repetí al día siguiente y de regalo me llevaron a un tramo nuevo que están montando justo debajo de la catarata más impresionante. Aquí sobran las palabras, has de probarlo por ti mismo para saber lo que se siente.

Río abajo después de los rápidos y hacia el sur de la isla encontraras un pequeño puerto pesquero desde donde podrás cruzar a la isla de enfrente y darte un paseo por Camboya sin necesidad de pasaporte. Como en dos días vamos a visitar este país, preferimos hacer otra actividad más curiosa y también especial y única: ver a los pakha, los delfines autóctonos del rio Mekong, una especie en vías de extinción por las capturas por parte de los pescadores y también por la contaminación de este inmenso rio. Hay que decir que aquí la gente vive del rio pero lo cuida poco, es fácil ver bolsas, latas y toda clase de cosas flotando por la superficie. La concienciación ecológica está aquí a años luz del primer mundo y quizá crean que sus recursos son ilimitados. Aún así he de decir que el pescado está delicioso y yo lo incluyo a diario en mi dieta.

Los interminables atardeceres y la poesía de sus luces y colores es algo que me llevo en mi memoria de este lugar. He tenido la suerte de disfrutarlo y por tanto he de ser agradecido por la fortuna de haberlo vivido. Momentazos que me llevo conmigo y que me confirman que debo seguir enamorándome de la vida.

Frida Kahlo en su lucidez nos regaló frases como esta: Enamórate de la vida, y luego que te quiten lo que quieras.

La vida es un proceso de ganar y perder, de sorpresas agradables y desagradables, de nacer y de morir. En el latido de nuestro corazón nos acompañarán momentos de gozo y alegría, pero también de ausencia, desesperación, soledad y vacío. Por eso con toda la humildad creo que una lección fundamental es aprender a amar lo que tenemos mientras podamos disfrutarlo. La pérdida es inevitable pero también lo es el factor sorpresa que nos puede bendecir en cualquier momento. Abramos el corazón a todo aquello y aquellos momentos que nos sean regalados y aprendamos a decir adiós cuando estos tengan o decidan marcharse.

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Vang Vieng

Ha amanecido en la pequeña ciudad de Vang Vieng y yo estoy escribiendo inspirado por estos bellos paisajes. Un señor se sienta en mi mesa, aparco mi bloc de notas y entablamos conversación. Se llama Boon, tiene 75 años y acaba de llegar a la ciudad con toda su familia. Es laosiano pero ya se considera canadiense puesto que lleva allí viviendo más de cuarenta años. Emigró de un país con muchas dificultades económicas en la década de los setenta y ahora vuelve todos los años para que sus hijos y nietos, que ya han hecho carrera y fortuna, no pierdan las raíces de su pueblo. Su esposa Tum, se esfuerza en insistir lo bello que es este país y no oculta una pasión que quiere trasladar a las nietas que la acompañan. A los hijos tenemos que darles raíces pero también hay que darles alas. Que vuelen y aceptar verlos volar. Eso lo aprendí muy bien de mi padre. Y es que un padre, es capaz de hacer cualquier cosa por sus hijos, menos lo más importante, dejarlos que sean ellos mismos. Nos afanamos en conducir vidas que no nos pertenecen y olvidamos a menudo que educar es simplemente dar ejemplo. Y no digamos de la carga que debe ser para un hijo tener que ser la felicidad de un padre. En fin, a lo que iba…

Debió ser muy duro para este hombre tomar una decisión tan importante y dejarlo todo para empezar una nueva vida tan lejos y tan distinta a la que tenía. Era eso o vivir en un país sumido en la autarquía y en constantes luchas internas entre comunistas y capitalistas. Peleas entre hermanos a fin de cuentas, nada nuevo. Ayer me llegaron noticias de mi país, mi querida España, donde un energúmeno sale en la televisión sonándose los mocos con la bandera nacional. Vaya mi tristeza y mi silencio. Yo aquí sigo tan orgulloso de mi patria, la patria de mis antepasados, por cierto muy querida y valorada en todo el mundo y por todas sus gentes.

Esta ciudad es el destino mochilero por excelencia en Laos. Si vienes de Luang Prabang el autobús te deja, después de 8 horas por una carretera de montaña y en muy mal estado, en una calle polvorienta de película del oeste americano. Pero nada más bajar ya te das cuenta que aquello va a ser muy divertido. Múltiples actividades de naturaleza y sobre todo famoso por el tubing (los aros en forma de donuts para actividades acuáticas), que puedes practicar en las Blue Lagoons que se encuentran a unos 15 kilómetros de la ciudad. Puedes alquilar una bicicleta, una moto o un Buggy para moverte por los caminos de tierra y ripio. No olvides el pañuelo para taparte la boca. Nosotros elegimos la moto que cuesta 6€ el día mientras que un buggy cuesta unos 50€ unas cuatro horas.

Mi consejo es que dediques un día a las lagunas y otro al tubing y la cueva de agua. Las distancias te pueden parecer cortas pero es agotador recorrerlas y luego la actividad que vas a hacer en ellas te van a dejar roto. El perfil de público que vas a ver mayoritariamente es mochileros europeos entre 20 y 30 años y coreanos entre 50 y 80. Si has leído bien. Los coreanos son los que animan la fiesta aquí, más ruidosos que los mediterráneos y no se pierden una diversión acuática o de tirolina. Son la caña. Aquí lo pasas bomba tengas la edad que tengas.

Tham Shang es la pequeña villa donde se encuentra la cueva del elefante y la cueva del agua. La Water Cave es espectacular y si vienes en época seca puedes recorrer casi dos kilómetros de cueva montado en un “tube o donut” y arrastrándote corriente arriba por unas cuerdas atadas en las paredes de la cueva. Nuestro guía nos invitó a apagar todos las luces al final del recorrido y estar un momento en silencio. Simplemente sobrecogedor, no puedo explicarlo con palabras.

La otra zona son las lagunas y la cueva Tham Phou Kam. La entrada es un euro así como los peajes de los puentes y de los miradores. Todo a un euro. En la laguna,que por cierto, es mucho más pequeña de lo que te puedas imaginar, la gente se divierte lanzándose al agua con la cuerda atada a los árboles o lanzándose en largas tirolinas desde los arboles. Una senda empinada te lleva hasta la inmensa cueva. Procura llevar una linterna frontal para las zonas más oscuras y también llevar buen calzado y mucho cuidado en las zonas resbaladizas. Un buda reclinado preside la impresionante cueva.

Pero para un amante de los atardeceres, lo mejor son los miradores que hay en el camino y que se pueden ver en lo alto de las puntiagudas montañas. Hay varios y están muy bien indicados. Serán de cuarenta minutos a una hora de duro y empinado esfuerzo pero que te valdrá la pena y estoy seguro que luego no querrás bajarte de tan bello lugar. El más espectacular es Pha Ngern View Point donde te sorprenderás al encontrar un puesto de refrescos en la cima. Recomendable llevar linterna frontal para la bajada si es como yo decides ver el atardecer. La bajada es una hora por zona frondosa de selva y casi sin visibilidad al caer la tarde y aunque La Luz del móvil es útil, necesitas las dos manos para apoyarte en la empinada bajada.

Para cruzar al otro lado del rio Nam Song es preciso hacerlo a través de unos puentes tibetanos de suelo de madera y que se comparte por peatones, motos y coches. Muy divertido. Nosotros los cruzamos un montón de veces, al principio da algo de miedo pero te acostumbras.

Otra experiencia que vale la pena y no es muy cara con respecto a otros lugares ( en Bagan nos pedían 380 dólares por persona ) es ver atardecer en globo. Cuesta unos 90 dólares y te suben a unos 700 metros de altura para disfrutar de unas impresionantes vistas de todo el valle y del atardecer con las montañas del fondo. Imposible aburrirse en esta ciudad.

Como nuestro restaurante favorito os dejo el Happy Mango Thai, excelente comida fresca y también trató y atención. La cocina es thai y laosiana y es muy pequeño así que te aconsejo reserves o tengas la paciencia oriental que nosotros ya estamos adquiriendo. Por supuesto no dejes de pedir una cerveza beerlao bien fría o si no quieres alcohol cualquiera de sus deliciosos jugos naturales, de mango, de aguacate o de fruta de la pasión y del dragón.

Como en todas las ciudades asiáticas por la noche tienes la visita obligada al Night Market, un lugar donde saborear la street food de pie o en pequeñas sillas infantiles que aquí parecen ser algo habitual, ocupan poco espacio y la gente local suele ser pequeñita. Y por supuesto también cientos de puestos de ropa, souvenirs y muchas más cosas que hace las delicias de las mujeres. Hay que tenerlas contentas.

Antes de marcharnos y con cuatro horas de espera para nuestro bus a Vientiane, no pude resistir la tentación de llevar un buggy por los alrededores de esta ciudad en la que tan bien nos lo habíamos pasado. Un lugar divertido, barato, bonito y con unos alrededores espectaculares y lleno, muy lleno de vida.

No, ya no necesitamos dormir más. Son nuestras almas las que están cansadas y no nuestros cuerpos. Necesitamos naturaleza. Necesitamos magia. Necesitamos aventura. Necesitamos libertad. Necesitamos calma. Necesitamos ser auténticos. No necesitamos dormir más. Necesitamos despertar, levantarnos y vivir.

Memento mori.

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Luang Prabang@

Salimos a mediodía de Chiang Rai en un autobús nocturno bastante cómodo y nada caro como es habitual aquí en el sureste asiático. La última parada antes de cruzar la frontera es la ciudad de Chiang Kong, desde allí un puente cruza el río Mekong y al otro lado ya estás en Laos. El visado cuesta 35 dólares y una fotografía de carnet que no deben faltarte si viajas por tierra. La carretera va circundando una zona montañosa muy sinuosa y vamos parando con cierta asiduidad hasta la hora de la cena. Un último y largo tramo nos lleva tras 12 horas desde que cruzáramos la frontera a la estación de Luang Prabang.

Son las 5 de la mañana y mientras nos dirigimos a nuestro hostal vamos a ver largas filas de monjes con sus túnicas naranjas andando por las calles de la ciudad y recogiendo la comida que como caridad van dándole las gentes de la ciudad. Le llaman Binthabat y dependiendo del lugar recogerán más o menos alimentos casi siempre arroz hervido o apelmazado.

Como no podemos alojarnos hasta mediodía nos guardan las mochilas en el hostel y nos vamos a conocer la ciudad. Ya ha empezado el mercado de mañana aquí el horario es de 6 a 10 cada mañana. Por las estrechas callejuelas que salen de la principal vamos observando curiosos y relajados los diferentes puestos de fruta, verdura y comida. Los turistas no podemos dejar de pararnos sobre todo en los que venden insectos, deliciosos gusanos de abeja y de enormes orugas que invitan a probar repitiendo “proteins” para convencerte de las bondades de comerlos.

La ciudad está demasiado masificada al turismo para mis expectativas así que tocara conformarse y disfrutarla con muchos otros turistas. Tampoco es barata, los precios han subido y mucho para tratarse de uno de los paises más pobres de Asia, aunque conviene matizar cómo siempre que para el bolsillo de un occidental no es mucho dinero. Es la mentalidad con las que nos ven, si lo pueden pagar, que lo paguen. Las casas de huéspedes y restaurantes se suceden en la calle principal donde puedes ver preciosos edificios coloniales de la época francesa.

A unos 16 kilómetros se encuentran el cuidadisimo Kuangsi Park donde se encuentran las cascadas del mismo nombre. No te confíes con la distancia ya que te llevará más de una hora en moto por carreteras con socavones y otras sorpresas en el camino. La moto la puedes alquilar por unos 10€, algo más creo que en Thailandia, y te incluye los cascos si los pides aunque aquí nadie lo usa o si lo usa es muy particular: un casco de obra o de militar de antiguas guerras son algunos de los más curiosos que hemos visto. Las cascadas son impresionantes así que tomate tu tiempo porque necesitarás unas dos horas si quieres disfrutarlas más otras dos del viaje de ida y vuelta pero por supuesto vale la pena. De lo mejorcito y alejado de la turística ciudad.

Antes de irte del parque echa un vistazo al área de conservación del oso tibetano que al igual que el panda es autóctono de esta región y está en peligro de extinción por obra y gracia como no del ser humano. Son preciosos y aunque cautivos se pasan el día jugando. No te lo pierdas.

Hay dos cascadas más en los alrededores, unas en Tad Sae y otras en Tad Thong. A las primeras se llega en unos 50 minutos por una carretera bastante buena que atraviesa serpenteando el bosque tropical. A la segunda se llega en un desvío a la vuelta del mismo camino que si no estás atento no lo veras. Aquí el camino pasa a ser una senda que apenas cabe la moto. Cuando empieza a haber barrancos a los lados y roturas en la senda te darán ganas de volverte pero si superas los miedos en unos 30 minutos te encontrarás tu solo visitando un paraje excepcional. Bueno, solo no, porque a la entrada de entre la maleza sale un tipo a cobrarte la tasa de entrada. Aquí se paga en todos los lugares públicos una tasa que ronda entre 1 y 3 €.

Río arriba el Mekong esconde a solo unas pocas millas la Pak Ou Cave en la villa de Tham Ting. El trayecto debes hacerlo en un bote compartido una especie de barco autobus y evitar las muchas ofertas en barco privado que te harán en el puerto ya que son mucho más caras y no merecen la pena. Las dos cuevas tienen en su interior cientos de figuras de Buda que alcanzan mucha belleza sobre todo en la segunda con las imágenes viendo el fondo del rio. En la escalinata de subida a la primera cueva decenas de niños te venden pulseras, amuletos, torras de arroz e incluso pajarillos en pequeñas jaulas hecho de bambú. Yo le bromeó y le ironizo diciendo que si es que no tienen escuela hoy. Me arrepiento después, me doy cuenta que hoy es Domingo y no hay colegio y yo no se en qué día me encuentro, padezco el síndrome del viajero feliz.

Al otro lado de la cuidad y a la orilla del rio Nam Khan, afluente del Mekong, está el restaurante Dyen Sabai. Aquí puedes saborear la cocina local en unas terrazas que cuelgan hacia el río y que forman un espectacular lugar para comer y disfrutar del atardecer.

Pero para atardeceres increíbles te recomiendo cualquier restaurante del puerto frente al río Mekong en la parte oeste de la ciudad. No puedo explicar con palabras como te sientes viendo esta maravilla de paisaje saboreando un “grilled cat fish” recién pescado y cocinado y saboreando una fresca Beerlao, la rica cerveza local.

También puedes ver un atardecer precioso desde Phousi Hill, la colina que domina la ciudad y en donde se encuentra el Wat Thammo una pagoda y monasterio donde viven monjes budistas. Unas interminables escalinatas te suben a la cima donde te espera una pequeña explanada con unas “doscientas” personas que como tú suben a ver el atardecer. Tómatelo con humor, abrete un espacio y disfruta del momento.

En nuestro hostel conocemos a la dueña, Kim, una hiperactiva vietnamita que está pendiente de todo y de todos, incluso de su hijo, un pequeño “rambli” de 4 años. El hostel tiene muchas carencias que ella y sus ayudantes se ocupan de compensar con una sobredosis de atención y amabilidad. El día de mi partida tiene tiempo de “reñirme” por no haber bajado antes; me quede dormido y no baje la noche anterior a que me aconsejara lugares que visitar en nuestra próxima visita a Vietnam. Me llevo escrito todo incluso la comida vietnamita a probar que, por supuesto, ella me dice que es la mejor del mundo. Le daremos su oportunidad.

Antes de marchar de la ciudad me doy una vuelta solo por la ciudad, junto al río. Y precisamente en sobre la soledad me viene a mi mente el recuerdo de las palabras del gran escritor Gabriel García Márquez que en su obra maestra Cien años de soledad, dice: ” … y si un día no tienes ganas de hablar con nadie, llámame, estaremos en silencio.”

Y es que una cosa es estar solo y otra bien distinta es estar solo. La soledad puede ser nuestro gran enemigo y a la vez nuestro gran amigo. Quizá la mejor manera de valorar las relaciones entre personas sea la calidad de los silencios compartidos. Todo esto dicho desde la voz de un enfermo de la palabra como yo, que a día de hoy sigue curándose de su adiccion y buscando el placer de compartir momentos de silencio con las personas que amo y que me aman. Posiblemente estos silencios lejos de estar vacíos puedan suponer los mayores momentos de plenitud de nuestras vidas y si además van acompañados de miradas cómplices y de ternura …

Chiang Rai

Si tienes la suerte como nosotros de llegar fin de semana a la preciosa y relativamente pequeña ciudad de Chiang Rai, podrás disfrutar de los dos mercados nocturnos: Saturday Market y Sunday Market. En estos interminables mercados podrás encontrar de todo a precios muy baratos y por supuesto comer muy bien o hacerte un reconfortante masaje en plena calle.

Encontramos una casa de huéspedes muy barata, chic, colorida y limpia llamada Na Rak O. Aquí vamos a quedarnos tres días para disfrutar de esta acogedora ciudad. Por unos 9 dólares diarios puedes alquilar una moto justo al lado de la pensión, solo tienes que dejar tu pasaporte en depósito, algo que terminas acostumbrándote si es que quieres alquilar un vehículo, aunque al principio he de reconocer que se te mete el miedo en el cuerpo.

Nos levantamos bien temprano y después de desayunar unas buenas tortillas en la encantadora y enorme cocina compartida, nos dirigimos a ver nuestro primer templo el Wat Rong o Templo Azul. Este templo se encuentra en la parte norte de la ciudad y es muy fácil de encontrar con el mapa y sobre todo si llevas navegador en el móvil aunque con eso y con todo yo me perdí por hacerme el listo y no querer usar ni lo uno ni lo otro. No es necesario decirte el porque del nombre desde que te acercas a la espectacular entrada y cuando te adentras en su interior. Nos damos cuenta que esto comienza muy bien, después de dos semanas viendo tantos hermosos templos y pagodas, también se agradece ver algo distinto y original y todo azul.

Después del templo azul te recomiendo vayas a dos sitios muy cercanos que podrás ver un par de horas, el Baan Dam Museum o casa Negra y Long Neck Village. La casa Negra es un inmenso area natural presidida por una enorme casa de aspecto medieval chino y que alberga en su interior la colección de objetos, pinturas, animales disecados, pieles, huesos y muebles curiosos de madera que su propietario y artista Thawan Duchanee fue coleccionando a lo largo de su vida. Salvando las distancias me recordaba a la casa Dalí, un lugar donde este extravagante señor dejaba volar su fantasía y sus obsesiones en forma de colecciones que ahora pueden verse ya que donó este impresionante museo a la ciudad de Chiang Rai. No te lo pierdas.

Muy cerca y de más difícil acceso ( nosotros llegamos por ir en moto pero la carretera está en obras y cortada al tráfico para coches ) está la pequeña villa donde podrá ver donde y cómo viven las mujeres de cuello largo. Esta costumbre muy arraigada en esta zona parece ser viene del peligro que estas mujeres indefensas tenían ante los tigres y por lo que idearon un sistema de muelles que se ponían en el cuello que impedía, o al menos dificultaba, que fueran mordicadas en le cuello por estos tigres cuando salían del pueblo a hacer las tareas de recolección. Los muelles pueden quitarse y ponerse hasta la edad de 22 años en la que se colocan uno no reversible que llevarán toda la vida. Hoy estas tribus originarias del triángulo d ello frontera entre Myanmar, Thailandia y Laos, viven en esta área protegida donde pueden seguir con sus costumbres y viviendo de la venta de artesanía y de las tasas que los visitante pagamos por entrar en el área. Son gente amable y simpática que no tienen inconveniente en compartir y hacerse fotos contigo. Nosotros lo disfrutamos mucho ya que pudimos pasar unas horas solos con ellas y sus familias compartiendo unos deliciosos momentos.

Por la tarde nos dirigimos por la Highway direccion sur en nuestra flamante scooter para ver el templo de los templos y emblema de la cuidad, el Wat Rong Khoun o templo blanco. Este edificio contemporáneo y poco convencional de estilo budista se hizo en color blanco para representar la idea que debemos enfocarnos en la mente y en la pureza en lugar de las posesiones materiales. A la llegada has de pasar por un puente “The cycle of rebirth” donde al cruzar ves cientos de brazos que quieren atraparte. El significado es que para alcanzar la felicidad has de evitar la tentación y el deseo. Antes de entrar en el templo tienes que cruzar la “Gate of Heaven”, es la puerta de entrada al cielo custodiada por dos criaturas que decidirán el destino de tu muerte. La visita a set lugar aunque saturado de visitantes es impresionante y te aconsejo que leas y te lo prepares con antelación ya que unos vigilantes se ocupan que nadie se pare en el puente y en la puerta y tienes poco tiempo para disfrutarlo. La parte posterior del edificio es poco visitada pero contiene otros espectaculares edificios a orillas de un hermoso lago.

A una hora y media de Chiang Rai esta la ciudad Chiang Sae, la puerta de entrada al Triángulo de Oro. Aunque se puede hacer en moto, nosotros y afortunadamente gracias al buen juicio de mi chica, lo mejor es hacerlo en autobus local que sale cada media hora de la terminal 1 de autobuses. Esta zona frontera ente Myanmar, Laos y Thailandia se hizo tristemente famosa por ser la zona productora número 1 mundial de la amapola del opio. Este producto anestésico era importado milenariamente por los chinos y utilizado en Occidente desde siglo XIX hasta la primera mitad del siglo XX. Fue en la década de los 60 cuando esta poderosa droga fue exportada por los paises del primer mundo especialmente EEUU y cuyo control produjo luchas y guerras encubiertas como la de Vietnam. A finales de siglo estos tres países fronterizos acordaron erradicar su producción y orientarse a cultivos alternativos. Comentar que la producción de la amapola se llevó a Afganistán y Pakistán y aún hoy siguen financiando guerras e intereses de uno y otro bando. En Mae Sai ciudad presidida por un inmenso Buda que viaja encima de un barco, puedes visitar la zona y el museo del opio y también cruzar el río Mekong y llegar a una pequeña isla de Laos sin necesidad de visado.

Por la tarde cuando vuelvas a la ciudad no te pierdas el espectáculo De la Torre del Reloj. En una rotonda de la cuidad hay un pequeño BigBen que cada hora a las 7, 8 y 9 de la noche realiza un espectáculo de música y sobre todo colores para deleite del público que espera impaciente. Dura caso diez minutos así que no te precipites y busca un buen lugar para verlo quizá tomándote una buena cerveza local Chang.

Aunque es una ciudad muy mochilera, en Chiang Rai puedes encontrar hotelazos y resorts de lujo como Le Meridien Hotel. Como ya conocéis busco siempre el mejor lugar para ver el atardecer. Pues bien puedes acercarte a este hotel puedes por la tarde a tomar una copa y los amables empleados te acompañarán por espectaculares pasillos pasando por jardines, puentes y piscinas hasta un inmenso jardín a orillas de, rio. Durante unas horas estuvimos disfrutando de este momentazo difícil de olvidar.

La última visita a mi juicio imprescindible de la ciudad es a Wat Huay Pla Kung. Esta lugar bien podrías visitarlo a tu vuelta del Triángulo Dorado ya que está en la parte norte de la cuidad aunque algo alejado de la carretera principal. Si eliges ir por la tarde disfrutarás además de unas magníficas vistas de la ciudad y del valle, de una luz impresionante para ver el atardecer. Aquí podrás ver tanto la pagoda como el enorme Buda blanco. Este buda se encuentra en lo alto de la colina y de una enorme escalinata que le da un un aspecto todopoderoso. Desde abajo casi te sientes una hormiga a su lado. Una vez llegas a la explanada, veras unas figuras también blancas que representan tanto personas como animales de motivos budistas. La sala principal está rodeada por figuras del todos los animales del horóscopo chino y en le fondo del enorme salón un ascensor te puede subir una vez pagas los dos euros de la entrada hasta la misma cabeza del gran Buda. El interior todo de un blanco puro tiene motivos de la vida de Buda y formas de animales imaginarios mayormente dragones y serpientes.

También en dirección sur pero en una carretera paralela a la autovía se encuentra el precioso y cuidadisimo Sing Park, un inmenso parque verde con estanques y zonas infantiles. Puedes recorrerlo durante kilómetros y adentrarte en los campos de te que se pierdan a tu vista. Desde allí y siguiendo la carretera hay un desvío a la derecha que te lleva a las Khun Kom Waterfalls unas cascadas espectaculares a las que se llega por una bella senda entre el bosque. A la vuelta te recomiendo también que te detengas en la Canary Villa, una granja abierta al público donde puedes descansar y tomar algo.

La salida de la ciudad hasta nuestro nuevo destino la hacemos desde la terminal 2 de autobuses mucho más apartada del centro así que si has de ir a ella te sugiero que te tomes al menos media hora. Los billetes para ir a Luang Prabang en autobus nocturno cuestan unos 45 euros por persona y salen los Lunes, Miércoles y Viernes a las 12 del mediodía. La primera parada será en Chiang Khong para los trámites de la frontera y llegaras 17 horas después de salir a tu destino.

Mientras espero me pongo a leer un cuento. Dicen que los cuentos sirven para dormir a los niños pero también para despertar a los adultos.

“Cuentan que el sabio Nasrudin estaba cerca de su casa bajo de una farola buscando algo. Unos amigos al verle le preguntaron que hacia y les contesto que buscaba la llave de su casa. Todos se dispusieron a ayudarle pero después de media hora y viendo que no la encontraban le preguntaron que si estaba seguro de haberla perdido allí. El sabio les contesto que no, que la había perdido en la puerta de su casa. Y porque la buscas aquí le dijeron. Porque en la puerta de mi casa no hay luz”.

No buscamos las cosas donde están sino donde queremos que estén o donde nosotros estamos. Del mismo modo que no aceptamos la realidad y nos empeñamos en luchar contra ella y perdemos siempre, claro está. De hecho lo que llamamos problemas no existen, son fruto de nuestra imaginación y es algo que crea nuestra mente. Cuando algo sale mal, por dolorosos que sea, nos victimizamos y sufrimos, pero como no son problemas no precisan de soluciones. Solo hay que aceptarlo. Lo que llamamos problemas son procesos de aprendizaje, lecciones que hemos de aprender para crecer y ser más conscientes y sabios. Eso es lo que realmente cambia nuestra vida.

“Ser feliz no significa no tener pensamientos negativos o problemas, sino impedir que justamente ellos controlen tu vida”. Javier Iriondo.

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Chiang Mai

Aunque seguimos fieles a nuestra idea de evitar los aviones, la mejor manera de hacer los casi 1000 kilómetros de selva entre Mandalay y el norte de Thailandia es volando. Se nota que ya hemos llegado a este acogedor país desde que pisas el aeropuerto, los trámites de entrada son muy rápidos y los españoles no necesitamos sacar visado.

Chiang Mai es la cuidad más grande del norte de Thailandia y también el centro turístico de esta área por excelencia. En el centro y formando una cuadrícula perfecta está la Old City una zona amurallada herencia de cuando fue capital del reino Lan Na perteneciente al famoso reino de Siam. Tiene una curiosa distribución con canales de agua por todas partes que distribuyen desde el caudaloso Ping River que recorre de norte a sur la ciudad.

Elegimos un alojamiento boutique barato aunque algo apartado del centro. Los precios han subido y mucho desde mi primera visita a este país hace unos 10 años. Es normal, hoy este país es el destino turístico por excelencia del Sudeste asiático. Aquí todo es fácil de hacer y de conseguir pero tiene ya su precio en bats, la moneda local. Eso sí, la comida está riquísima, prueba el Khao Soi y el Pad Thai y por supuesto la cerveza Shinga.

Las calles del centro son un inmenso mercado tanto de día como de noche. Para llegar a ellas cogemos el transporte local, aquí cambiamos nuestro habitual tuk tuk por unas camionetas rojas que compartes con otros clientes, tan solo tienes que subirte y le indicas la dirección, el precio es fijo por zonas.

En la noche estos mercados callejeros esconden rincones con una magia encantadora y sobre todo nuestra favorito, el Street Food, una sola calle con puestos de comida local. Aquí puedes probar la deliciosa cocina thai, y también multitud de cosas exóticas como escorpiones encebollados o cocodrilo a la plancha, aunque todo esto lo hacen más para curiosidad de los turistas que por otra cosa.

En lo alto de la montaña y oteando todo el valle que rodea la ciudad está la impresionante estupa Wat Phra That Doi Suthep. Es muy recomendable hacer una visita guiada de noche cuando no hay gente. Unas escaleras interminables custodiadas por dos dragones te llevan a una plaza llena de pagodas y murales budistas. Con las luces artificiales el dorado de los monumentos es una gozada para los sentidos. En lo alto esta The Mediation Area, un lugar pensado para la meditación y desde el que se tienen unas impresionantes vistas de la ciudad.

Te recomiendo el esfuerzo de madrugar y levantarte a las 5 de la mañana para volver a ese mismo lugar pero ahora para ver amanecer. Sobran las palabras y es mucho mejor recordar este momento tan especial dando gracias por tener el privilegio de haber visitado este lugar.

Dentro de la ciudad hay muchos templos pero yo te destacaría uno en especial que está junto a la puerta oeste de entrada y es el Wat Phra Singh. El templo tiene una entrada preciosa, al entrar te quedarás boquiabierto con los techos y el Buda que preside en el fondo. A la derecha veras unos monjes sentados y meditando en posición de loto. Tendrás que acercarte y mucho para darte cuenta que están hechos de cera. Pero el lugar que más nos sorprendió a nosotros fue la parte posterior del templo, es un jardín muy cuidado en el que ves una estupa hecha de piedra, muy vieja y fértil por el musgo que habita en ella, y custodiada por numerosos elefantes a su alrededor.

El elefante es el animal más querido y famoso en este lugar. Tradicionalmente se usó como animal de carga y también en la guerra, recordemos que el poderoso ejército del gran Alejandro el Grande sucumbió ante el emperador de Siam y su ejército de elefantes. Hoy estos enormes pero simpáticos animales no se sabe muy bien donde ubicarlos y el gobierno ha fomentado un excelente plan de integración en granjas donde los turistas pueden convivir una jornada con ellos dándoles de comer y bañándote en el río con ellos. Os aseguro que me estoy emocionando de recordar este día al escribir estas líneas. Tenéis que vivir esta experiencia y seguro que los veréis de otra manera, con sus 3500 kilos de peso ( pesan 1000 kilos menos que el africano ), son todo ternura en el momento que te pones a embarrarlos y jugar junto a ellos. Aquí aprendimos que para montarlos además de la molestia que les supone, hay que obligarlos y amaestrarlos por lo que nos hemos prometido nunca más subirnos encima de estos adorables animales. He leído que el Elephant Nature Park figura como un centro de recuperación pero en realidad adiestran a los animales, así que lleva cuidado e infórmate, yo te recomiendo vayas a una granja, como dije antes, nosotros estuvimos en Hug Elephant Sanctuary y fue una experiencia 10.

A unos 80 kilómetros al noroeste de Chiang Mai está el espectacular Doi Inthanon National Park, una visita a las montañas frontera con Myanmar y que vale mucho la pena visitar. Llévate una chaqueta que la temperatura nada tiene que ver con la ciudad de Chiang Mai. Lo primero que veras son los dos templos uno frente a otro y en lo alto de dos escalinatas. Son muy modernos, se construyeron para conmemorar la coronación del actual rey, uno en su honor y el otro en honor a su esposa. Ni que decir tiene que el de la esposa es mucho más cuidado y bonito, rodeado de preciosos jardines y con un mirador de todo El Valle espectacular.

En lo alto del puerto puedes coronar la altura más alta de todo Thailandia, la colina alcanza los 2.565 metros y puedes hacerlo teniendo solo que andar unos pocos metros desde donde te deja el transporte. Me viene a la memoria alguna de las cumbres provinciales que he hecho en España con mis amigos del CAE y que nos hemos “apuntado” casi desde el coche sentados, jejeje. Algunas nos han costado mucho hacerlas, así que no viene mal cuando te toca una fácil.

Hay un lugar muy divertido junto al Night Market y el Shangri La Hotel, se llama Art in Paradise. Se trata de una sala que te pasea por diferentes lugares del mundo y en donde gracias a una aplicación móvil puedes crear una animación tuya en 3D. No olvides llevar el móvil cargado y alguien que te acompañe para hacerte las fotos y los vídeos.

Aquí termina nuestra etapa en Chiang Mai, un lugar donde la vida va despacio, la gente es tranquila y todo es fácil de encontrar y de hacer. Los semáforos duran a veces 5 minutos pero nadie se enfada, manifiestan una paciencia envidiable. Nadie corre, ni para servirte ni para atenderte, se toman su tiempo. No se porque decimos en occidente que el tiempo es oro. El tiempo no es oro, es Vida, que es muchísimo más que oro. Es una oportunidad de aprendizaje, de conocimiento de otras culturas y pueblos, de experiencia, de entrega, de amor. Del mismo modo no es lo mismo existir que vivir. Como decía Neruda, “no vive aquel que no se arriesga, que no cambia lo desconocido por lo conocido…”. Machado afirmaba, también en su sabiduría, que “solo de necio es confundir valor y precio”. Y los humanos solemos hacerlo continuamente y así nos va. El oro tiene precio, pero la vida y cada instante tienen un valor infinito. ¿Estamos creando las circunstancias para hacer de nuestra vida y de la de nuestros seres queridos una suma de instantes maravillosos?.

Acabo esta publicación con una motivadora frase de Mario Beneddeti: “Algunos finales no avisan. Por eso, vive siempre como si todo fuera un principio”.

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